-SPOILER ALERT NIVEL: TE CUENTO EL FINAL-
“Nuestra historia es una historia de traiciones, alzamientos, deserciones, conspiraciones, motines, golpes de estado; todo dominado por la infinita ambición, por el abuso, por la desesperación, la soberbia y la envidia. Hasta Cristóbal Colón, ya en el tercer viaje, después de haber descubierto toda la América, regresa a España encadenado. Dos actitudes, dos personalidades, parecen siempre estar en contienda en nuestra historia: la de los incesantes rebeldes amantes de la libertad y, por tanto, de la creación y el experimento; y la de los oportunistas y demagogos, amantes siempre del poder y, por lo tanto, practicantes del dogma y del crimen y de las ambiciones más mezquinas”
Reynaldo Arenas, Antes de que Anochezca
El Juego del Calamar se convirtió en el último éxito de Netflix, la gente busca los dulces de la serie y los vestuarios se adueñaron de este Halloween; todos hablan de las pruebas brutales, pero poco se habla del reflejo social que proyecta, lo cerca que estamos de la situación de los protagonistas y lo prescindibles que somos en un sistema explotador. Por si fuera poco, aunque pareciera broma, un grupo de empresarios mexicanos buscan replicar la producción.
Los participantes del juego viven una condición económica asfixiante, como los 55.7 millones de mexicanos que sobreviven en pobreza extrema. Seong Gi-hun (el personaje principal) es un desempleado perseguido por cobradores de apuestas. Ho Yeon Jung (la penúltima sobreviviente) es una migrante que cayó en redes delincuenciales intentando ayudar a su familia. Cho Sang-woo (penúltimo sobreviviente) es un profesionista que malversó fondos al sentirse acosado por las expectativas de su madre. Tal vez no eres tahúr, pero sin duda tienes deudas; a lo mejor no eres migrante, pero alguien de tu árbol genealógico encontró mejor suerte en una tierra diferente. Probablemente no has cometido fraude, pero tu carrera no es suficiente para tener un buen sueldo.
Los aspirantes, para ser reclutados, juegan a algo parecido a las retas de tazos contra alguien vestido como ejecutivo. Si ganan, reciben dinero, si no, una cachetada. A pesar de que reciben más golpes que dinero, ahí siguen. Podría compararse con una entrevista de trabajo: a pesar de que el reclutador advierte la explotación que le espera y que solo es un esbozo de lo que va a enfrentar, el candidato pone su mejor cara para intentar ganar un juego amañado. Al obtener acceso al juego y ver la masacre que les espera, algunos huyen pero la mayoría regresa; como los trabajadores que desertan de empresas abusadoras y terminan en otro empleo similar porque es lo único que les permite su experiencia laboral.
En la última encuesta del INEGI, el sector manufacturero registró un crecimiento en la ocupación del 0.5 por ciento y los sueldos medios reales disminuyeron un 0.8 por ciento en comparación al mismo periodo del año anterior.
Conforme avanza el Juego del Calamar, las pruebas son más difíciles. Al principio, en un empleo la primera regla de supervivencia es no llamar la atención, como en la prueba de la muñeca; después, tienes que demostrar tu valía en cada oportunidad y cada vez que lo logres tendrás que enfrentarte a retos más complicados, pasando por encima de otros tantos que buscan el mismo fin; en el camino habrá otros empleados con principios éticos, pero siempre serán menos que los que no dudarán en hacer trampa.
Para terminar el juego (si no has terminado la serie y la quieres seguir viendo NO LEAS ESTO) los últimos sobrevivientes tienen que combatir cuerpo a cuerpo ante la mirada de los VIP, millonarios desalmados a los que les divierte el sufrimiento de los competidores. Al final, aunque uno de los participantes gana y se queda con el botín económico, en verdad perdieron los dos, uno perdió la vida, el otro la motivación para vivir. Como en las caricaturas, ambos eran caballos que corrían por una zanahoria inalcanzable. Los únicos ganadores fueron los empresarios.
En México, son pocas las empresas que realmente se hacen responsables del bienestar de sus trabajadores —por lo menos mientras cumplen sus labores—, la mayoría explotan a los empleados que no pueden permitirse renunciar; en algunos casos les endulzan el oído con prestaciones “migajas” que poco sirven contra las deudas y compromisos que los ahogan.
Ricos, blancos, privilegiados
Hago uso del lugar común porque no hay mejores adjetivos para describir a Simón Levy, Diego Bolson Ruzzarin, Fernando y Billy Rovzar. Ellos tuvieron la grandiosa idea de lanzar una convocatoria para crear una serie similar a la coreana, pero en el contexto mexicano.
Fuera de la poca originalidad de la idea, los empresarios —una vez más— explotarán a los creadores. Un guionista de Televisa gana 40 mil pesos al mes, de acuerdo con el portal de empleos Glassdoor; Hwang Dong-hyuk, el guionista y director coreano de la serie original, declaró haber tardado seis meses tan solo en escribir los dos primeros capítulos; con esa temporalidad habría tardado 27 meses en terminar el guión; si fuera empleado de Televisa habría recibido 1 millón 80 mil pesos. Los VIP (Levy, Ruzzarin y los hermanos Rovzar) quieren que les envíen gratis las propuestas y solo uno de los guionistas será recompensado. De nuevo la clase privilegiada se escuda en la meritocracia para sangrar más a la clase trabajadora.
Arirang Meari, un sitio norcoreano aprovechó algunas lecturas e interpretaciones que surgieron en el país vecino y, citando a críticos de cine surcoreanos anónimos, dijo que la serie de televisión muestra una “sociedad desigual donde las personas sin dinero son tratadas como piezas de ajedrez por los ricos”.
El uso y abuso de los adinerados ya es una constante, lo triste es la recepción de la serie por parte de los explotados. Cuando poco podemos hacer para cambiar nuestra realidad, nos gusta ver cómo otros sufren más que nosotros, decimos: Bueno al menos no estoy tan jodido. ¿Seguro?
La organización Oxfam asegura que el uno por ciento de la población mundial acumula más del doble de la riqueza total de todo el mundo. Si no eres uno de los cinco más ricos (Jeff Bezos, Elon Musk, Bernard Arnault, Bill Gates o Mark Zuckerberg), eres un participante más jugando para beneplácito de ellos.
Al final de la serie, el ganador pasa por un duelo titánico al reflexionar por lo que había pasado, pero cuando parece haberlo superado y estar dispuesto a hacer lo mejor posible con el dinero sangriento que había obtenido, decide regresar al juego. ¡¿Cómo por?! Al principio pensé que era una táctica de guionistas para mantener viva la producción con la que, hasta el último corte, Netflix ha recaudado más de 900 millones de dólares, pero al saber que el creador de la producción recibió 21.4 millones —40 veces menos— y que hasta el momento no tiene pensada una secuela, hace pensar que el mensaje que quería dar con el final es diferente. Tal vez Seong Gi-hun sabe que la única forma de combatir a ese sistema es formando parte de él.






