La autodestrucción de Morena nacional es idéntica a lo que ocurre en Coahuila. Las llamadas «corcholatas» un día sí y el otro también se tiran madrazos, sin alusión a Roberto. Igual ocurre entre Guadiana, Mejía, Luis Fernando y Reyes, cada uno con su estrategia negra, cada uno desacredita a los otros. El resultado de las tres encuestas será el 15 de noviembre y en estas no se pronostica la unidad.
Pero solo en eso se parece el partido nacional al estatal. En lo estructural, sus formas y contenidos son diferentes; el nacional está apegado a su principal activo: Andrés Manuel López Obrador y en Coahuila están alejados del calor presidencial, más ocupado en el Estado de México, por motivos del número de votantes y del resultado de la próxima elección presidencial.
En contraste el PRI se prepara con su mejor candidato: Manolo Jiménez. Sin importar quien será su rival por Morena. Y los priistas no van solos para cerrarle el paso a los guindas, porque tienen de aliados al PAN, PRD y estructuras sociales apartidistas.
Jiménez va por la vía segura y de trabajo constante para sumar seguidores, mientras Morena Coahuila siguen de pleito y sin rumbo claro, con política que resta electores y aún sin definir candidato. La propia autodestrucción morenista ahuyenta a otros entes de la política local como del Verde Ecologista, Unidad Democrática de Coahuila y Movimiento Ciudadano.
Cualquiera de esos partidos políticos buscan la seguridad y aumentar su fuerza, pero eso no les garantiza Morena – Coahuila, por eso los acuerdos y las alianzas son distintas a la vía nacional.







