Rubén Rocha ya advirtió: “Si me hundo, nos hundimos todos”.
Así el gobernador de Sinaloa, con licencia, apunta hacia “La Chingada”, la quinta donde vive en Chiapas el expresidente de las mentiras y de la corrupción, Andrés Manuel López Obrador.
Mientras, Morena defiende a Rocha para evitar el efecto dominó y que, como fichas, caigan más narcopolíticos.
Al mismo tiempo, trata y no ha logrado desviar la atención pública al culpar a la gobernadora de Chihuahua, la panista Maru Campos, de traición a la patria por la presencia de dos agentes de la CIA que murieron en un accidente de carretera.
Sin embargo, la película es clara: Estados Unidos apenas inició la persecución de los narcopolíticos de Morena, gobernadores y funcionarios.
Y lo hace en la antesala de las negociaciones del tratado comercial que representa el oxígeno de la economía de nuestro país.
¿Dónde está Rubén Rocha?
Nadie sabe, ni Omar García Harfuch, según lo dijo, pero nadie le cree.
Pero donde se encuentre, toda pinta a que será extraditado a Estados Unidos y eso representa que dirá todo lo que sabe.
Y ahí es donde se avecina la debacle de López Obrador y sus cómplices.
La repercusión será la elección intermedia del 27, donde se avecina la pérdida de gubernaturas y del control del Congreso de la Unión para un partido político morenista quebrado.






