Estados Unidos.- El presidente estadounidense Abraham Lincoln emitió la Proclamación de Emancipación el 1 de enero de 1863.
Sin embargo, y 159 años después, aún existe una excepción. La esclavitud sigue siendo legal como castigo por un delito para los presos condenados.
En las últimas elecciones de medio término en Estados Unidos, cinco estados votaron por eliminar el trabajo forzoso en las cárceles.
Los electores de Alabama, Oregón, Tennessee y Vermont decidieron el 8 de noviembre pasado eliminar de las constituciones estatales las exenciones que permiten la esclavitud o la servidumbre involuntaria, en un esfuerzo por prohibir la esclavitud por completo.

El resultado podría permitir a los presos presentar demandas contra el trabajo forzoso en el sistema de justicia penal, dicen expertos.
Pero un quinto estado decidió mantener la legalidad del trabajo forzado en las cárceles: Luisiana.
¿Por qué?
El trabajo penitenciario es una industria multimillonaria en Estados Unidos.
Unos 800 mil presos trabajan actualmente en Estados Unidos por centavos, o por nada, según las cifras que citan los expertos.
Siete estados no pagan a los trabajadores penitenciarios ningún salario por la mayoría de las asignaciones de trabajo y los presos pueden ser castigados si se niegan a trabajar, según un artículo del periodista de la BBC en Washington, Max Matza.
Luisiana en particular tiene uno de los sistemas laborales penitenciarios más notorios del país.
La Penitenciaría Estatal de Luisiana es la única prisión de alta seguridad para hombres en el estado y la más grande de EE.UU.
Ocupa un poco más de 72 kilómetros cuadrados, casi el tamaño de la isla de Manhattan, en Nueva York.
Es conocida como «La Alcatraz del sur» y como «Angola», por el país africano de donde provinieron muchos de los esclavos que trabajaban en la plantación de algodón que existía en ese mismo lugar a finales del siglo XIX.
En esta prisión están detenidos más de 5.000 hombres, un gran porcentaje de ellos son negros.
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Entre la gran variedad de trabajos, los prisioneros todavía cultivan y cosechan algodón.
«Si los trabajadores se niegan a trabajar, son castigados. Peones bien educados trabajan en las casas de los capataces, cocinando y limpiando. Duermen en pequeños dormitorios y se les paga de 2 a 20 centavos por hora, que solo pueden gastar en el lugar», describe el diario The Washington Post. Con información de Agencias







