El caos en Sinaloa por la inseguridad tiene al gobernador morenista Rubén Rocha al borde de la renuncia.
No solo demuestra falta de voluntad para combatir la inseguridad, sino que hay información en Estados Unidos que lo involucra con el narcotráfico.
Quizá su amistad y sus intereses con Andrés Manuel López Obrador, o sus ligas con “Los Chapitos” y “El Mayo” Zambada lo mantenían como gobernador, pero ahora ya se convirtió en la piedrota en el zapato de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Morena ya es el pasado y ya no tienen a quien culpar de la corrupción de 15 mil millones de pesos en Segalmex, ya desaparecido y sin culpables, o de personajes como Francisco Garduño, culpable de la muerte de 40 migrantes en Ciudad Juárez y todavía libre y como titular del Instituto Nacional de Migración.
López Obrador trató de evitar el efecto dominó (cae una pieza y caen las demás), pero ahora la presidenta Sheinbaum tiene la presión de un Trump, con instinto agresivo y deseoso de cumplir lo que prometió, y un punto clave es el combate al narco, elevado a terrorismo, en territorio mexicano.
Rubén Rocha, gobernador de Sinaloa, está por caer, porque ya no está López Obrador.
Es evidente que su figura está más que desgastada y que ya no hay margen para sostenerlo.
Es imposible ya defender lo indefendible y más si los ciudadanos de Sinaloa están inmersos en la violencia y los reclamos y manifestaciones, donde sobresalen frases como la de Culiacán: “Sacaremos a ese wey de Sinaloa”, en una manifestación de más de diez mil ciudadanos.
“Fuera Rocha”, exigen los manifestantes agredidos por un gobernador morenista corrupto y narco.






