Saltillo, Coah.- Cada caída, cada estación, cada palabra, fue envuelta por un silencio respetuoso de la comunidad católica, conmovida por la representación.
El recorrido dio inicio en el templo del Ojo de Agua y culminó con la crucifixión. Más que una representación viviente, fue un acto de amor, entrega, fe y unidad.
Cristo fue representado por Mike Dávila Guerrero, un hombre devoto que provocó lágrimas y suspiros con su entrega.
Uno de los momentos más especiales fue cuando Jesús cayó por tercera vez; justo en ese instante, los corazones de los asistentes latían con fuerza.

El viacrucis es un llamado a la fe, un refugio en tiempos difíciles, y un recordatorio de que, cuando un pueblo camina unido, hasta el dolor se vuelve esperanza.
En Saltillo, esta tradición no envejece. Al contrario, se fortalece. Y mientras haya quien crea, quien ame y quien camine con fe, el viacrucis del Ojo de Agua seguirá siendo el alma de nuestra ciudad.







