Saltillo.- Aunado al proceso penal al que una persona, víctima de abuso sexual, debe someterse en la búsqueda de justicia, se suman las repercusiones emocionales que esta experiencia traumática deja.

Y es que no solamente la víctima se enfrenta al hecho de no callar, sino que queda trastocada la parte emocional donde la culpa es uno de los sentimientos que mayormente se hacen presentes. 

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“Culturalmente, socialmente, a veces se genera una carga sobre la persona afectada, en la comisión de un delito y entonces ella lo puede considerar como ‘yo fui la culpable y responsable’, y no, de entrada, tenemos que entender que la única persona responsable de cometer un delito sexual es quien lo hizo, quien lo cometió”, señala el psicólogo José Ángel Acosta.

Otra de las repercusiones psicológicas que se ven desde el momento de la agresión, de acuerdo con el psicólogo en el Centro de Justicia y Empoderamiento para las Mujeres, van desde alteraciones en la alimentación, en el sueño y la perdida de interés por socializar como antes lo hacía, lo que de no atenderse puede llevar a la persona a la depresión e incluso al suicidio. 

“Este retraimiento puede llevar a otros síntomas por ejemplo síntomas que pueden entrar dentro de los trastornos del estado de ánimo, síntomas de trastornos depresivos y si no es atendido oportunamente por una persona eso puede llevar a que se complique y entonces pueda concluir incluso en un intento de suicida”.

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Yollotzin Bocanegra, quien es perito psicóloga, indicó que existen ciertas actitudes que una persona que abusa sexualmente de otra presenta, tratando de aparentar que son incapaces de cometer un delito como este.

“Generalmente la mayoría de los agresores de cualquier tipo de violencia suelen mostrase como muy simpáticos ante los demás, y esto, porque si las víctimas se atreven a hablar les resten credibilidad, procurar seguir las reglas, ser ordenados, más bien sembrar la duda cuando lo señalen como probable agresor”.