Claudia Sheinbaum, nuestra presidenta electa, no será de izquierda. Aunque es de izquierda, sabe lo bueno y lo malo de la izquierda.
Igual, conoce lo malo y lo bueno de la derecha.
¿Entonces? Su Gobierno, de El Mirón se acuerdan, será de centro. Lo bueno de la izquierda y lo bueno de la derecha, no a los extremos.
Ni la izquierda populista y dictadora, ni la derecha con la riqueza concentrada en unos cuantos.
La presidenta electa, con 36 millones de votos, levanta la expectativa de si podrá zafarse de López Obrador, el presidente del sur.
La dinámica de ser la primera mujer presidenta de nuestro país de seguro será suficiente, junto a su preparación y experiencia, para deslindarse, poco a poco, hasta darle su propio estilo a su Gobierno.
Sí, la herencia que le dejarán será difícil de sortear, sobre todo la depreciación del peso, la relación con Estados Unidos y Canadá y la violencia en estados como Sinaloa, por el caso Zambada.
Pero, pero, pero, hay confianza en su gestión presidencial.
En Coahuila claro que la hay, con un gobernador que hace a un lado los colores partidistas y le apuesta al trabajo y al objetivo de mejorar las condiciones de vida de los coahuilenses.
Claudia Sheinbaum siempre ha sido una activista en favor de las familias desprotegidas. Así es también el gobernador Manolo Jiménez.
Claudia Sheinbaum estudió en los Estados Unidos y sabe de lo importante que es nuestro vecino, con el que no hay que pelear, sino unir y trabajar.
Así también lo hace Manolo Jiménez y ahí está la muestra de la relación cercana con el gobernador de Texas, Greg Abbott.
Ambos coinciden para bien del país a partir del 1 de octubre y para bien de Coahuila, desde que inició su Gobierno ciudadano.






