Ciudad de México.- El concierto de Metallica tuvo un momento especial cuando Robert Trujillo y Kirk Hammett sorprendieron al público con un palomazo de «La Chona», de Los Tucanes de Tijuana. Trujillo, emocionado y en su español atropellado, rindió tributo a sus raíces mexicanas. Aunque algunos puristas del metal se incomodaron, la mayoría de los fans lo tomó con humor y bailó al ritmo. El ambiente festivo contrastaba con la seriedad de los metalheads que lucían sus battle vests y, aunque algunos intentaron destacar con camisetas de Megadeth, James Hetfield dejó claro el espíritu del evento al portar una playera que decía: “somos familia”.
A medida que avanzaba el show, la intensidad en la pista bajó ligeramente. Los fans más veteranos, ahora con años de conciertos encima, dejaron atrás los moshpits violentos. Sin embargo, no faltó quien intentara abrir espacio para revivir un poco de ese caos. «Ya la rodilla duele», bromeaban algunos mientras saltaban al ritmo de clásicos como «The Day That Never Comes» y material más reciente como «Shadow Follows». Entre bromas y riffs, el show siguió resonando con poder, y la energía seguía fluyendo desde el escenario hasta las gradas.
El concierto tocó un punto emotivo cuando sonó «Orion», un tributo a Cliff Burton, el legendario bajista de la banda. Trujillo, con su pasión intacta, hizo honor a la memoria de uno de los más grandes bajistas en la historia del metal. Finalmente, bajo la luz de la luna, la banda interpretó «Nothing Else Matters», un himno para los que crecieron con el Black Album, cerrando el show con los temas más icónicos que unieron a la «familia Metallica».






