Los maestros de las secciones 38, 35 y quinta han mostrado su oficio durante la pandemia.

Su oficio y su compromiso con la educación. Han trabajado desde casa y por medio del internet; con los padres de familia, con sus directivos, y al pendiente de sus escuelas públicas. Pero ahora tienen miedo de contagiarse y de morir, como algunos de sus compañeras y compañeros.

Y el miedo se sustenta en que muchos de ellos no tienen una capacidad inmunológica fuerte, por la mala alimentación, la poca actividad deportiva y los tiempos de descanso. El mal hábito de desayunar y comer gorditas, es una constante en la mayoría de los profesores y de las maestras. Pero el temor también se sustenta en que no tienen un sistema de salud eficiente y digno.

Las clínicas del magisterio están en pésimas condiciones, sin equipo médico, sin buenos doctores y sin medicamentos. Bajo ese escenario, menos podrían estar en condiciones integrales de atender a pacientes con covid.

Las clínicas del magisterio en donde se robaron las cuotas de los maestros y de las maestras, ahora se convierte en su pasivo y les genera angustia y miedo. El otro es el ISSSTE, plagado de deficiencias, igual que las clínicas del magisterio.

Entonces, ¿Para dónde ir ante un contagio o algún escenario grave?

A la salud privada, donde muchos médicos y hospitales privados han hecho su agosto en plena pandemia. Con exageradas cuotas hasta de 500 mil pesos por ingreso, hasta rebasar los dos millones de pesos por la atención y, claro, con la disyuntiva de vivir o de morir.

 Por eso las maestras y los maestros están asustados por el regreso a clases presenciales o híbridas.