Gurrero.- Acapulco, Guerrero, se encuentra sumido en una crisis a un mes del impacto del huracán Otis. Lo que solía ser la dorada ciudad turística ahora es una sombra de su antigua gloria. La falta de trabajo y apoyo se hace evidente, mientras que la acumulación de basura en la zona agrava la situación.
Uno de los sitios más emblemáticos de Acapulco, La Quebrada, muestra un panorama desolador. El acantilado, que solía ser testigo de los arrojados clavados de los locales, ahora permanece vacío. La falta de turistas y la ausencia de clientes han llevado a los vendedores locales a enfrentar montones de basura que se acumulan, combinando desechos diarios con restos del meteoro de categoría 5 que azotó la ciudad el pasado 25 de octubre.
Don Julio, uno de los clavadistas de La Quebrada, lamenta la situación: «Nos ha ido un poco mal, porque nosotros vivimos del turista, tampoco hay clavados, esperemos que se componga el área para que vengan los turistas». Aunque el Gobierno ha proporcionado despensas, la falta de ingresos preocupa a los afectados. Julio también comparte la incertidumbre sobre la ayuda gubernamental para la reconstrucción de su casa.
La situación se agrava para la señora Eva Carmona, dueña de El Charrito, cuyo negocio y familia sufrieron los estragos del huracán. Los fuertes vientos derribaron parte de su techo, y uno de sus hijos contrajo dengue. La acumulación de basura, sin ser recogida por las autoridades, genera mal olor y propaga enfermedades. A pesar de la presencia de programas gubernamentales, la falta de una solución efectiva para el retiro de desechos deja a los afectados en una situación precaria.
La desesperación se palpa en la voz de doña Eva, quien ha tenido que congelar los desperdicios de su restaurante para evitar que se descompongan. La acumulación de basura y agua en las calles ha llevado a casos de contagio de dengue, como el de su hijo pequeño, quien tuvo que ser llevado a otro municipio para recibir tratamiento. Las ventas se reducen drásticamente, y la única fuente de ingresos es la venta de comida a los guardias nacionales que resguardan la zona, ya que el turismo ha desaparecido por completo.







