Honduras.- Nasry Asfura tomó posesión este martes como presidente de Honduras tras un proceso electoral marcado por señalamientos de irregularidades y una intervención política de último momento desde Estados Unidos que favoreció al Partido Nacional. El nuevo mandatario, de perfil conservador, llega al poder en uno de los países con mayores índices de pobreza del hemisferio occidental, en un contexto de polarización política y con un Congreso sin mayorías claras.
El exalcalde de Tegucigalpa gobernará hasta enero de 2030 con una agenda centrada en reactivar la economía, atraer inversión, generar empleo y contener problemas históricos como la corrupción, la inseguridad y la precariedad de los servicios públicos. Entre los principales desafíos internos se encuentran las deficiencias del sistema de salud, que enfrenta rezagos estructurales, desabasto e infraestructura limitada, así como la necesidad de alcanzar acuerdos legislativos con fuerzas políticas que desconocieron los resultados electorales.
En el plano internacional, Asfura busca fortalecer la relación con Estados Unidos, principal socio comercial de Honduras, además de impulsar proyectos con apoyo de Israel. También ha planteado la posibilidad de modificar la política exterior del país, incluyendo un eventual restablecimiento de relaciones con Taiwán, lo que tendría implicaciones geopolíticas en la región. Su administración inicia tras el cierre del gobierno de Xiomara Castro, que registró avances en inversión social y reducción de homicidios, aunque sin resolver de fondo los altos niveles de pobreza y desigualdad.







