Parece bastante obvio que cada director tiene sus razones de fondo por las que se enamoró del cine, aunque no necesariamente tienen la oportunidad de contar dicha historia. Tal vez la mayoría lleguen a ciertos puntos de acuerdo, donde la magia que representa contar una historia en la pantalla grande para desbordar en 24 fotogramas por segundo un sinfín de sentimientos es la cúspide de sus carreras, y repetir la hazaña una y otra vez es un sueño cumplido, pero todo tiene una parte de génesis, un origen que intrínsecamente conocemos para reconocer los cimientos en los que estamos parados.
Así llegamos a Babylon, la quinta producción del director estadounidense Damien Chazelle, quien ya nos había sorprendido con su trabajo en Wiplash, se hizo popular con La La Land e ignoramos un poco con Firstman. El cineasta regresa con una cinta que, de alguna manera, desnuda la historia de origen de Hollywood, relatando las perversiones, excesos, vicios y abusos que se vivieron en la meca del cine, pero también tratando de retratar un tipo de clase magistral sobre la evolución del séptimo arte y como fue consagrándose década tras década.
Por un poco más de tres horas, el guion nos cuenta la historia de Nellie y Manny, un par de jóvenes que llegan a California a finales de los años 20 con la intención de triunfar en la industria del cine. Nuestros protagonistas se van abriendo paso mientras conocen a un sin fon de productores, actores, directores y gente del medio que poco a poco les enseñan que nada es color de rosa, mientras las historias paralelas nos dejan ver los rasgos más enfermos, tristes y horribles que se adornan de glamour y luces mientras las épocas avanzan.
¿Mucho por contar en una trama? Probablemente, aunque el argumento se solidifica al entrelazar las historias individuales, creando un mismo tronco común en el que las ramas de la historia se van cimentando, dimensionando y dando oportunidad a cada uno de los personajes de contarnos sus motivaciones y las ambiciones que pueden concretar, generando una historia circular y vertiginosas que en ningún momento suelta al espectador, aunque parece que hay secciones que pudieron ser sacadas del corte final, pero ya llegaremos a ello.
El tono de la película pasea entre una comedia negra que cada vez se va tornando más absurda, partiendo el relato en tres actos ejecutados casi cronológicamente para dar paso a una caída en espiral hacia la locura y la perdición de todos los que están en escena, aunque, a momentos, algunas secuencias parecen sacadas de un sketch y hacen que el ritmo termine por tropezar de manera abrupta.
El manejo de cámara y la fotografía de Linus Sandgren, quien ya había trabajado con el cineasta, nos permite seguir a los personajes con tomas abiertas que van cerrando el cuadro hasta hacerlos sumamente claustrofóbicos, paseando sutilmente entre las luces de los sets hasta el más lúgubre y tenue rincón donde habita la historia como un tipo de lado b, demostrando que lo despampanante convive dentro de un mismo hemisferio con la perdición.
La música de Justin Hurwitz acompaña puntualmente cada escena, y cuando me refiero a puntualmente significa a que el leitmotive se repite una y otra vez para darnos pistas de que sucederá y del sentimiento que los cuadros buscan hacer sentir al espectador, aunque en realidad termina siendo bastante cansado y es uno de los puntos más débiles de la cinta, no porque las piezas sean malas, que no lo son, sino porque parece querer meternos a la fuerza una idea antes de llevarnos de la mano para generar una convención que nos haga perdernos en la historia.
Por otra parte, las actuaciones de Margot Robbie, Diego Calva y Brad Pitt cuentan con una profundidad que a momentos logra traspasar la pantalla, sobre todo cuando vemos el declive de cada uno de ellos, cayendo sin resistencia a la voracidad de una ciudad y de una industria que si dejas que te coma lo hará sin ninguna clase de cordialidad. Mención aparte se merecen todos los actores de renombre que junta la cinta, reuniendo un cast bastante interesante con Tobey Maguire, Olivia Wilde, Flea (el bajista de los Red Hot Chilli Peppers), Jeff Garlin, Ethan Suplee y decenas más que en verdad se nota el compromiso con la cinta.
Hay que ser sinceros, estamos frente a una producción con un presupuesto millonario que no tiene en ningún momento ganas de detenerse en lo que está contando. Los tres actos de la cinta podemos definirlos perfectamente como escalones o un viaje del héroe donde comenzamos, casi literalmente comiendo “mierda” para ascender y llegar a la fama, hasta que nos damos cuenta de que todo aquello que tragamos terminamos vomitándolo y nuestros errores en algún momento nos alcanzarán, pero tendremos el momento de redención para saber que aquello que hicimos creó algo más grande que nosotros mismos.
Babylon También termina siendo, como ya mencionamos, una clase de la historia del cine, donde conocemos las bases y vemos hasta donde hemos llegado, lo que nos deja con muchas dudas y muchas respuestas, entre las que resalta ¿Hollywood era así o sigue siendo así? Y aunque la producción no resuelve la incógnita, si nos abre paso a reflexionar si estamos orgullosos o no del mundo del cine popular.
Con todo lo dicho, parte de la crítica ha declarado que esta es la cinta que Hollywood no quiere que veas, pero aceptémoslo, una película financiada, engendrada y con los recursos de las productoras tiene el visto bueno de la industria. Lo que sí es verdad es que la difusión de Babylon no ha sido tan grande y la taquilla está representando pérdidas millonarias ¿Mera casualidad? Quizás, pero también estas cintas de duración de tres horas y con codas finales que parecen que no quieren concluir son cada vez más cansadas para un público que retiene su atención en videos cortos de dos minutos.
Damien Chazell ha demostrado que tiene un ojo y un lenguaje cinematográfico interesante, por decir lo menos, aunque si revisitamos cintas como La La Land, tal vez entendamos que el director termina sucumbiendo ante algunas tendencias antes de comprometerse, pero Babylon es su apuesta un tanto más arriesgada que en forma funciona, pero parece no conectar del todo.
Sin duda la cinta merece un reconocimiento más grande del que ha recibido hasta el momento, y ya sea por el tema, por la duración, o por el trasfondo, hay algún ingrediente que no permite que la taquilla se concrete, a pesar de los logros técnicos y de argumento que mantiene la historia.
Si has seguido la carrera del cineasta, sin duda debes darle una oportunidad a Babylon, las tres horas de duración se te pasarán volando y probablemente conectes con las reflexiones en temas como la ambición y la fama, si es tu primer acercamiento a su cine, no es que no te vayas a entretener, pero si no eres amante del cine tal vez pestañes más de un par de veces.
Calificación: 8.9







