Chilpancingo.- Chilpancingo, capital del estado de Guerrero, sigue sumida en una profunda crisis de seguridad. Este miércoles, un nuevo episodio de violencia sacudió la colonia Tomatal, donde Orlando Pérez Nava, alias «El R13», fue asesinado a balazos. Pérez Nava era identificado como uno de los hombres de confianza de Pedro Giovani Gutiérrez Hernández, alias «El Marras», jefe de plaza en Chilpancingo para el grupo criminal Los Tlacos y/o el Cártel de la Sierra.

El asesinato de Pérez Nava ocurre apenas días después de otro hecho violento que conmocionó a la ciudad: el homicidio del alcalde de Chilpancingo, Alejandro Arcos Catalán, quien fue decapitado el pasado 6 de octubre. Arcos había asumido el cargo hacía solo seis días, y su cuerpo fue hallado en una camioneta abandonada en la calle Moctezuma. El dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, confirmó el asesinato y solicitó la intervención de la Fiscalía General de la República para investigar el caso.

Este no es el único caso reciente de violencia contra funcionarios públicos en Chilpancingo. Antes del crimen del alcalde, el secretario del Ayuntamiento, Francisco Gonzalo Tapia Gutiérrez, fue ejecutado en pleno centro de la ciudad. Estos incidentes han generado una creciente preocupación entre la población, ya que la capital guerrerense se ha convertido en un campo de batalla donde al menos seis organizaciones criminales disputan el control del territorio.

Vínculos con Los Tlacos

Orlando Pérez Nava, alias «El R13», ya había sido detenido el 14 de noviembre de 2021, aunque fue liberado por razones que no se han esclarecido. Su relación con el Cártel de la Sierra y Los Tlacos lo hacía un aliado estratégico para esta organización criminal, que es liderada por figuras como Onésimo Marquina Chapa, alias «El Necho», y Javier Marquina Chapa, alias «El Barbas», entre otros. Todos estos líderes son considerados objetivos prioritarios por el gobierno mexicano.

La creciente ola de violencia y el asesinato de Pérez Nava subrayan la grave situación que enfrenta Chilpancingo, donde la pugna entre grupos delictivos ha sembrado el terror en la población y ha puesto en jaque a las autoridades locales. La urgencia de una intervención efectiva para restaurar la seguridad en la región es evidente, mientras la capital de Guerrero sigue siendo escenario de crímenes de alto impacto que ponen en riesgo la estabilidad del estado.