Agradezco profundamente a Grupo RCG y, de manera muy especial a Don  Roberto González, por la oportunidad de colaborar en este espacio de análisis  y opinión. 

En un entorno donde la información responsable y el pensamiento crítico son indispensables, abrir estas columnas al debate público es un ejercicio de enorme valor social. 

Por años, la zona industrial de Coahuila ha sido uno de los motores productivos  más importantes del país. Miles de mujeres y hombres sostienen turnos largos,  metas exigentes y cadenas de producción que no se detienen. Sin embargo,  hay una decisión silenciosa, pero profundamente disruptiva, que amenaza ese  equilibrio: la eliminación de guarderías del Instituto Mexicano del Seguro Social en los polos industriales.  

No se trata de un tema administrativo ni de una discusión presupuestal aislada. Cerrar una guardería en la zona industrial es retirar un pilar del desarrollo  económico y social.  

Durante décadas, las guarderías del IMSS no fueron un “beneficio accesorio”;  fueron infraestructura productiva. Permitieron que madres y padres  trabajadores —en especial mujeres— pudieran integrarse al empleo formal con la certeza de que sus hijas e hijos estaban seguros, cuidados y estimulados. 

En regiones como Ramos Arizpe y el corredor industrial de Saltillo, estas estancias  no eran un lujo, eran la condición mínima para que la industria funcionara.  

Cuando una guardería cierra, no desaparece la necesidad, se traslada el  costo a las familias. Guarderías privadas inaccesibles, redes informales sin  garantías, renuncias forzadas o jornadas reducidas. 

El resultado es previsible: menos participación laboral, más rotación, menor productividad.   La eliminación de guarderías tiene un efecto dominó que rara vez aparece en 
los reportes oficiales.  
— Madres que abandonan el empleo formal, perdiendo ingresos, seguridad social y antigüedad.  
— Empresas que pierden talento capacitado, especialmente femenino, en un  contexto donde la industria compite por mano de obra calificada.  
— Niñas y niños que pierden acceso a entornos seguros en una etapa clave de  su desarrollo.  
Cerrar guarderías no ahorra: encarece el sistema productivo y profundiza desigualdades.  
Coahuila ha construido su identidad alrededor del trabajo, la industria y la  responsabilidad. Pretender que una zona industrial de clase mundial funcione  sin servicios de cuidado infantil cercanos y accesibles es desconocer la  realidad cotidiana de quienes sostienen esa industria.  

Reabrir y fortalecer las guarderías del IMSS no es nostalgia por el pasado; es una apuesta por el futuro. Es reconocer que el desarrollo económico empieza  en la primera infancia y que la competitividad se construye con políticas que entienden la vida real de las familias trabajadoras.  

Volver a abrirlas es una decisión estratégica ya que significa:  

• Defender el derecho al trabajo digno, especialmente de las mujeres.  

• Fortalecer la productividad industrial con estabilidad laboral.  

• Apostar por la infancia como base del desarrollo social.  
Una economía que obliga a elegir entre trabajar o cuidar a los hijos no es una economía moderna. Y una región industrial que cierra guarderías está cerrando puertas al futuro. Hoy

Coahuila no necesita menos cuidado: necesita más Estado donde más se trabaja.  
Reabrir las guarderías del IMSS no es un gasto. Es una inversión inteligente,  humana y urgente. Queda esperar que el Gobierno federal se dé cuenta de  ello y voltee a ver lo que realmente importa, en mi humilde opinión