Las Vegas.- En una exhibición de poderío que sacudió los cimientos del T-Mobile Arena, David Benavidez se consolidó como el rival inevitable de las 168 libras al derrotar por la vía del cloroformo a Gilberto «Zurdo» Ramírez. Tras la victoria, el mexicoamericano no perdió tiempo y, con los cinturones en alto, lanzó un reto directo y público a Saúl «Canelo» Álvarez, encendiendo una vez más la polémica por la falta de un acuerdo para dicho combate.

El enfrentamiento, que inició con una intensidad eléctrica, fue inclinándose hacia el lado de Benavidez desde los primeros episodios, dejando claro por qué es considerado uno de los pegadores más temibles de la actualidad.

Crónica de un nocaut anunciado
La pelea fue un monólogo de agresividad por parte de Benavidez, quien supo descifrar la guardia del «Zurdo» Ramírez con precisión quirúrgica:

El primer aviso: En el cuarto asalto, Benavidez conectó una combinación que mandó a Ramírez a la lona. Aunque el sinaloense se levantó con valentía antes del sonido de la campana, el daño ya estaba hecho.

El desenlace: Para el sexto round, el castigo sobre el ojo derecho de Ramírez era evidente. Un gancho de derecha fulminante por parte de Benavidez obligó a la detención definitiva del combate, desatando la euforia en el recinto de Las Vegas.

La sombra del «Canelo» en la arena
A pesar de la brillante actuación de Benavidez, el nombre de Saúl Álvarez fue el protagonista invisible de la noche. Cada vez que la imagen del tapatío aparecía en las pantallas gigantes del T-Mobile Arena, el público respondía con estruendosos abucheos, reflejando el descontento de la afición ante la reciente noticia de que Álvarez peleará contra Christian Mbilli en Arabia Saudita, evadiendo nuevamente al mexicoamericano.

«Tengo respeto por Canelo, pero yo también soy un gran campeón. El mundo quiere esta pelea, yo quiero esta pelea. Hagámoslo», sentenció Benavidez al micrófono tras su victoria histórica.