De plano, al obispo emérito Raúl Vera le encantan los reflectores.

Cómo quiera, y por donde le guste, le fascina salir en los medios de comunicación y provocar polémica.

La palabra de Dios queda en segundo término, al señor es proclive al escándalo, porque chocó contra cuatro vehículos estacionados, denunció el robo del edificio de la diócesis, trató con malas palabras a religiosas por temas de la donación de un terreno y, ahora, por la posible reelección de Rosario Piedra al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Ahora salió a declarar que le falsificaron la firma en una carta, donde abiertamente apoyan la reelección de Rosario Piedra.

“No es mi firma, me la falsificaron”, denunció a los periodistas don Raúl Vera.

Sabrá Dios si es o no su firma, solo él y su conciencia lo saben, pero de que ya provocó la polémica, ya lo hizo.

La propia Rosario Piedra dice que es un escándalo que proviene desde Morena para sacarla de la jugada.

Sus contras aseguran con firmeza la falsificación del documento donde aparece el nombre del obispo emérito Raúl Vera.

Lo único cierto es que ya la hizo, al aparecer en primera plana del Grupo Reforma. Le encanta la polémica, de eso nadie le discute y pocos le pueden llegar a su nivel de vanidad extrema.