Pasa el tiempo y Altos Hornos de México vale menos.
Sus activos ya son pasivos y los extrabajadores esperan, ya desesperados, su indemnización, y los proveedores sus pagos.
Los responsables de haberla llevado a la quiebra ahí están: uno, el expresidente de las mentiras y de la corrupción, Andrés Manuel López Obrador, y el otro empresario corrupto, Alonso Ancira.
Su pleito personal los llevó al escenario de matar a la empresa siderúrgica más importante de México que soportaba la economía de las familias de las regiones Centro y Carbonífera.
Hoy el panorama luce cada vez más complicado y los esfuerzos para sortearlo son evidentes.
Tanto el gobernador Manolo Jiménez como el alcalde Carlos Villarreal han intensificado la diversificación económica con la llegada de nuevas empresas que generen los empleos que amortigüen la quiebra de AHMSA.
Siempre fue un objetivo inconcluso y ahora esa diversificación es obligada.
Pero la solución de fondo es responsabilidad del Gobierno federal.
Una, vender los activos lo antes posible y pagar deudas, y la otra, reactivarla; la segunda luce más complicada.
A pesar de que en el panorama mundial hay una creciente demanda de acero, sobre todo en la industria automotriz, AHMSA murió en el peor momento.
Y la mataron AMLO y Ancira, sin importar el grave impacto a la economía.
El líder moral de Morena mostró su real cara: autoritario, revanchista, sin importarle los obreros y sus familias.
Ancira, su voracidad, también sin importarle sus trabajadores y sus familias.
Hoy la presidenta Claudia Sheinbaum tiene en sus manos las dos salidas, pero el tiempo pasa y el daño se acumula sin que exista un panorama alentador a corto y a mediano plazo.







