Se acabó el Mundial de Futbol, el tema del derecho de audiencia ya bajó de intensidad y ahora no sabemos qué tema subirá Morena a la palestra nacional para desviar la atención.
Desviarla para esconder el grave tema de los narcopolíticos, el crecimiento del huachicol fiscal y la inseguridad en los estados que gobierna, los escándalos de los nuevos ricos y la decisión de Estados Unidos de no importar aguacate por las extorsiones del crimen organizado en Michoacán.
Sin embargo, y al de la estrategia mediática, es una realidad que la marca Morena sufre de un desgaste al interior y hacia afuera.
Adentro con la lucha de los grupos políticos por ganar las candidaturas a gobernador en los 17 estados, las diputaciones federales y las alcaldías.
Hacia afuera, el constante golpeteo de Estados Unidos por la relación entre políticos y narcos.
No cabe duda de que Morena, en poco tiempo, atraviesa una intensa crisis de credibilidad y de confianza.
Y ambos factores son producto de los errores que cometió Andrés Manuel López Obrador y que le dejó de herencia a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Cheque el dato.
Todas y todos los funcionarios públicos que Estados Unidos acusa de tener nexos con el narco fueron colocados por AMLO.
Lo peor, a pesar de lo que usted diga, es que ninguno está en la cárcel o ha dejado el cargo, mientras se ajusta a una investigación.
El ejemplo claro es Rubén Rocha, quien sigue escondido en Sinaloa sin que exista la voluntad de investigarlo. Así la impunidad histórica que ahora vivimos.







