Si no fuera porque se elige gobernador del estado, la elección del domingo cuatro de junio registraría los niveles más bajos de abstencionismo.
Y es que la figura de nuestros diputados locales está por los suelos. Salvo uno o cuando mucho dos, la mayoría de nuestros legisladores transitan en la modorra, sin abanderar causas populares y traicionando a los electores.
Su función se reduce a exhortar a las dependencias, principalmente del Gobierno federal, pero sin recibir respuesta, porque ni siquiera son para ir a las dependencias a defender la causa.
Nuestros diputados locales de todos los partidos políticos se limitan a cobrar bien sus sueldos, sus prerrogativas y le cargan viáticos y hasta, en algunos casos, ropa y alimentos con cargo a la tesorería.
Nadan de muertitos y no cumplen, ni cumplirán, aquellas promesas de campaña.
Y si no mire, les pasamos algunos temas que deberían abanderar para justificar su sueldo y sus prestaciones: La instalación de oficinas de Profeco en Saltillo, Zona Centro y norte, el drama de los trabajadores de AHMSA que no cobran sueldos, la defensa de los y las trabajadoras domésticas, los casos de abuso sexual a menores, el grave, gravísimo, consumo de cristal y de otras drogas.
En fin, muchos temas que les pasan de noche a nuestros diputados locales.
Pero eso sí, no se pierden un evento a donde vaya el gobernador Riquelme para tomarse la foto y subirla a sus redes sociales.
De trabajo real que beneficie a los ciudadanos, bien, gracias.
Son una nulidad, no tienen peso ante el estado o ante los municipios y no existen ante el Gobierno federal. Son 25 espacios vacíos.







