El triunfo de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia refleja el rechazo creciente a los gobiernos populistas de izquierda, caracterizados por la violencia y por la inestabilidad social y política.

Ganó con el 49.68 por ciento de los votos frente al izquierdista Iván Cepeda.

Por supuesto que Gustavo Petro no acepta la derrota de su candidato y se revuelca de coraje.

Sin embargo, es claro y más que evidente que los gobiernos de izquierda en América Latina van a la baja.

Ahí está el triunfo en Argentina de Javier Milei. La derecha ha ganado 10 de 15 elecciones presidenciales en los últimos cinco años.

Los ciudadanos premian discursos de autoridad y de estado de derecho.

En contraste, rechazan al comunismo y a sus gobiernos populistas que nada resuelven, pero sí se infiltran con el crimen organizado. El desgaste de la izquierda va rápido y avanza cada vez más.

Junto a Colombia y a Argentina aparece Bolivia con Rodrigo Paz, Daniel Novoa en Ecuador y Santiago Peña en Paraguay, mientras que en Centroamérica y en el Caribe sobresale Nayib Bukele en El Salvador, Rodrigo Chaves en Costa Rica, José Raúl Mulino en Panamá y Luis Abinader en República Dominicana, además de Dina Boluarte en Perú.

Así o más la decepción y ahora el castigo contra las y los candidatos de izquierda.

La corriente de regreso a la derecha es una constante, mientras los cada vez más pocos gobiernos de izquierda se debaten entre la realidad de no saber gobernar y su inclinación hacia el desorden y la promoción de la inseguridad, bajo el interés económico que les representa la protección hacia el narco.

El desgaste no se acabará pronto. Como ya lo refleja el sentir ciudadano, al no cumplirse sus expectativas y, todavía peor, caer con una izquierda de inseguridad e inestabilidad social y económica.