Resultó falsa la noticia que circuló en redes sociales sobre la reaparición del “chupacabras” en el ejido Tanque del Cerro al sur de Saltillo; según la nota informativa había matado 43 chivas.
Nel pastel, el evento nunca ocurrió, pero sí la efervescencia del animalejo creado para desviar la atención popular en los peores momentos del Gobierno Salinista, tras el asesinato de Colosio.
Pero no es necesario revivir al «chupacabras», nunca se ha ido de la política local y si no, vaya al Congreso del Estado, donde cada diputada y diputado sangra al erario público sin hacer algo productivo a cambio.
Las y los diputados locales, de todos los partidos políticos, transcurren en la modorra de hacer exhortos y más exhortos que nadie pela.
Aún así, los 25 ganan al mes 91 mil pesos, pero eso no es todo, la vida entera se la cargan a la tesorería del poder legislativo.
Viáticos y gastos personales que los convierten en un ente de película de Guillermo del Toro como el “chupacabras”.
Nunca regresan a sus distritos y menos encabezan causas populares como la crisis económica de los trabajadores de Altos Hornos, las muertes por los riesgos de las curvas de la carretera 57, las injusticias para las trabajadoras domésticas, el pésimo servicio del transporte público o la ausencia de la Profeco, entre muchos otros temas donde deberían aparecer, pero no lo hacen.
Si no aparecen en sus distritos, menos van a encabezar verdaderas causas populares.
De ahí el desgaste de su imagen pública, si no fuera porque se elegirá gobernador del estado sería casi nula la presencia de electores en unos comicios de diputados locales.
Frente a ellos, el «chupacabras» se queda en menos que un animal de ficción.






