De plano Marko Cortés y su Comité Nacional del PAN andan a 20 cuadras del desfile, y todo por irse por los intereses personales de Marcelo Torres Cofiño.
Resulta que piden mucho más de lo que dan y en lugar de sentirse agradecidos y ponerse a trabajar, que bastante les hace falta, cuestionan el Gobierno de coalición.
Y vamos a los números: en la elección que ganó el hoy gobernador Manolo Jiménez, con 765 mil 979 sufragios, el PRI obtuvo 624 mil 024 votos y el PAN, 81 mil 526.
Eso representa el 12 por ciento de los votos y no el 20 por ciento al que se comprometieron llegar para conformar sus posiciones en el Gobierno de coalición.
Por ejemplo, en Torreón el PRI obtuvo 150 mil votos y el PAN 30 mil y en Monclova los priistas 38 mil y los panistas 12 mil sufragios.
Aun así, el Gobierno de Manolo Jiménez les entregó dos secretarías, la de Cultura y la de la Mujer, cinco diputaciones locales, tres federales y la posibilidad de reelegirse a Mario Dávila en la alcaldía de Monclova, la que está en grave riesgo por la corrupción del exalcalde panista y actual diputado local (gracias a los votos del PRI), el nefasto y corrupto de Alfredo Paredes.
Pero resulta que ahora exigen la presidencia municipal de Torreón, donde el priista Román Alberto Cepeda buscará la reelección.
Y lo peor es que el que calentó al Comité Ejecutivo Nacional, y en particular a Marko Cortés, es Marcelo Torres Cofiño, el mismo que perdió rotundamente la alcaldía contra Román.
Tan es ilógica la postura del CEN del PAN que los mismos panistas de Coahuila la desconocieron y expresaron estar en contra, igual que Felipe Calderón, expresidente que le pidió a Marko Cortés ponerse a trabajar en lugar de pedir lo que no les corresponde.
Aun así, con ese intento de tronar la alianza, los priistas buscan la unidad y las alianzas con otros partidos como el PRD y la UDC, además de mantener el ánimo con el PAN de Coahuila, el único PRI fuerte de México que aun así mantiene humildad en el oficio de hacer política de alianzas.






