La figura del candidato independiente no jala electores en Coahuila. En la última elección, José Ángel Pérez y Javier Guerrero la representaron y quedaron muy atrás de sus competidores. Miguel Riquelme se llevó la gubernatura con 485 mil votos; le siguió Memo Anaya con 450 mil y Armando Guadiana ostentó el tercer lugar con 145 mil.

Eran tiempos en los que el rechazo para no ser candidato de un partido político con registro significaba la oportunidad de ir por la vía independiente y ganar, como ocurrió con Jaime Rodríguez, “El Bronco”, en Nuevo León y donde su gestión fue decepcionantemente corrupta.

En la elección del 4 de junio no hay indicios de un candidato independiente con posibilidades de ganar la gubernatura. Quizá podría quitarle votos al PRI o a Morena, pero ni en esa vía sería un distractor importante. En Coahuila hay todavía una base electoral que define en los resultados.

Aunque también se recurriría a todos los contenidos en los medios de comunicación formales y en las redes sociales que cocinan las campañas negras.

Los ataques sin control no se harán esperar, donde cada candidato pretende influir; pretende, porque al menos en Coahuila, pesan más el candidato, su pasado y presente y la experiencia buena o mala que haya tenido el elector del representante de cada partido político.

En este caso, el presidente Andrés Manuel López obrador y el gobernador Miguel Riquelme serán los que apuntalen la lucha por el estado de Coahuila.