Mucha, mucha escandalera, pero nadie en la cárcel.
Adán Augusto, con su fuero; el empresario Alfonso Romo, con su dinero lavado; Francisco Garduño, con su silencio; Andy, con su papá AMLO; y así, los morenistas gozan de la impunidad del peor sexenio.
En el huachicol fiscal, los pocos culpables, unos están muertos y los demás gozan de la impunidad por no decir lo mucho que saben.
El gobernador de Sinaloa, sujetado con alfileres, navega entre la protección de Andrés Manuel y el enfrentamiento entre Chapos y Mayos.
Hernán Bermúdez, protegido por Adán Augusto, ya sabe qué decir y qué no, en un viaje que duró 33 horas y no 12, donde fue aleccionado para evitar más daños al morenismo.
Y así, pasa la herencia negra y pesada de AMLO a un Gobierno federal que, poco a poco, se deslinda, pero sin encarcelar a los peces gordos.
Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum trae una calificación aprobatoria muy elevada –siete de cada diez la aprueban–, el daño al partido Morena será inevitable en la elección del 2027, cuando se renovarán 17 gubernaturas y la Cámara de Diputados.
Es claro que los electores la separan del Morena corrupto de AMLO, y muchos estados y curules dejarán de ser guindas y serán ocupados por los ahora partidos opositores.
El daño de los nuevos ricos y de los corruptos morenistas, protegidos por la impunidad, avanza y pone en jaque al sexenio de las mentiras y de los otros datos.







