Lo que bien empieza, bien acaba y lo que comienza mal, termina peor.
Fíjese cómo empezaron y cómo terminaron los candidatos del PRI al Senado, a las diputaciones federales y a las 38 presidencias municipales.
Con unidad, fuerza y propuestas viables, derivadas de lo que piden los ciudadanos, no ocurrencias, ni promesas que solo se hacen con el fin de llamar la atención y nunca se cumplen.
Échele un vistazo a los cierres de las y los candidatos del PRI en las cinco regiones, en los 38 municipios y el ambiente que prevaleció fue de unidad en torno al primer priista Manolo Jiménez Salinas.
Mostraron el músculo fuerte y bien trabajado.
En contraste, vea a los candidatos de Morena, divididos y peleados con el PT, su aliado a la fría distancia.
Hasta el último minuto de las campañas, y peor que en la pasada elección para gobernador, las tribus morenistas se dieron hasta con la cubeta y solo buscan convertirse en cacha votos de su candidata presidencial Claudia Sheinbaum.
El Partido Acción Nacional está inmerso en la mediocridad. En Monclova cada vez peor con el «Doctor Cachondo» Mario Dávila que aferrado rechaza el voto útil para cerrarle el paso a Morena, pero que ya todos los panistas y hasta sus exfuncionarios lo entendieron y ahora están con el priista Carlos Villarreal.
En General Cepeda la familia de Pablo Salas tiene a los ciudadanos en su contra, igual que la morenista Tania Flores en Múzquiz.
En Torreón Román Alberto lleva la delantera a un Shamir Fernández que traicionó al PRI y ahora en Morena se encuentra estancado.
En fin, las campañas que iniciaron bien, con propuestas ciudadanas, trabajo intenso y unidad, terminaron más que bien y esas fueron las del PRI.
Las del PAN en decadencia y las de Morena divididas, desorientadas y con propuestas mediáticas y sin sustento ciudadano.







