Por más que quisieron, los representantes de Marko «Quico» Cortés no pudieron contener los reclamos de los panistas de Coahuila, quienes llaman «traidor» a su dirigente nacional y a quienes se prestaron para la jugada perversa.
La sesión tuvo carácter de extraordinaria y se notaron las expresiones de rechazo hacia Marko Cortés, al grado de pedir su renuncia a la dirigencia, pero sobre todo al lugar número uno de la lista plurinominal al Senado.
Y es que el Comité Ejecutivo Nacional pisoteó a sus militantes de Coahuila al exigir posiciones políticas sin justificación, pero sí para tratar de favorecer a Marcelo Torres Cofiño, quien ha sido el único que se ha mostrado en contra de la alianza.
La ilógica decisión del Comité Ejecutivo Nacional de romper la alianza con el PRI, UDC y PRD, por no obtener la candidatura al ayuntamiento de Torreón, agarró a los panistas desarmados.
Ahora están obligados a registrar del 21 al 25 de marzo y no saben ni a quienes.
Incluso, todo apunta a que Mario Dávila pierda el ayuntamiento de Monclova, donde el PAN muy apenas obtuvo 11 mil votos por más de 32 mil que le entregó el PRI.
Al doctor cachondo Mario Dávila y su protegido corrupto Alfredo Paredes no los calienta ni el sol, porque saben que sin los votos priistas van a perder.
Y más nerviosos están luego de que la alianza que abandonaron por culpa de Marko Cortés le echó números y va por carro completo, los 38 municipios, las dos senadurías y las ocho diputaciones federales.
Pero los panistas nacionales y Marcelo no actuaron solos para salirse de la alianza, ahí está la mano que mece la cuna de un priista acá bien conocido que anda cada vez más desesperado, que creó la división y ahora quiere aparecer para solucionarla.
Ya es tarde, su tiempo ya pasó, aunque él y sus aduladores se resisten a entenderlo.






