Pasa el tiempo y nadie ocupa la figura de liderazgo de Armando Guadiana.

Su fallecimiento dejó a un Morena flojo y modorro, sin estructura, a pesar de tener presidenta de la república y los programas sociales.

Y precisamente sin la figura nacional de Claudia Sheinbaum, los morenistas de Coahuila hicieron agua, cayeron al desbarrancadero con un carro completo del PRI-UDC  16 a cero que resuena a nivel nacional.

En Morena nadie trabaja de manera constante. Terminada la elección, cada quien a lo suyo, y los programas sociales no es la chamba política, lo institucional, la unidad.

Lo suyo es el pleito entre sus tribus para conquistar las sobras y garantizar suelditos entre sus cuates.

Pasa el tiempo y nadie ocupa el liderazgo que dejó Armando Guadiana.

Hoy cada grupo demanda la dirigencia estatal, pero solo exhiben sus ambiciones y sus incapacidades.

Son más influencers que políticos con verdaderos afanes de ayudar a la gente.

Van a las colonias y a los barrios, utilizan a la gente para denunciar y golpear, ya no regresan y menos resuelven.

Solo utilizan las redes para promociones huecas, pero, al final, los electores se las cobran, como ocurrió el domingo pasado, en el que les dieron la espalda en los 38 municipios.

Lo peor es que la autorreflexión tampoco se les da y ahora echan culpas hacia todos lados, menos a su vergonzosa actuación política.

Ahora viene la elección de alcaldes y diputados federales el próximo año.

En razón de lo que hay, a los morenistas solo los verá un mes antes de la elección; antes seguirán enfiestados en nada, divididos y con una cruda permanente, ausente del trabajo político serio. Después de Guadiana, nadie.