Ciudad de México.- La expansión del Tren de Aragua ha modificado el panorama delictivo en México desde 2021, extendiendo sus operaciones a 11 estados y participando en delitos como tráfico de migrantes, trata de personas, extorsión, narcomenudeo, secuestro y homicidio. Fundada en Venezuela por Héctor Guerrero Flores, alias Niño Guerrero, la organización logró tejer alianzas con cárteles mexicanos, especialmente con el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación, lo que le ha permitido operar en distintas regiones pese a no contar con la estructura de los grandes grupos del narcotráfico. Su especialización en el control migratorio y la explotación sexual le ha otorgado un papel estratégico dentro del crimen organizado.

En la Ciudad de México, su presencia se ha detectado en alcaldías como Cuauhtémoc, Tlalpan y Gustavo A. Madero, donde se vincula con actividades de narcomenudeo y comercio sexual. La disputa por territorios estratégicos en la capital se intensificó tras el asesinato de Diana Odely Martínez, sobrina del fundador de la Unión Tepito, lo que derivó en enfrentamientos y detenciones de integrantes de bajo perfil. Entre los arrestos más relevantes se encuentra el de Euclides Manuel Arias Suárez, alias Morgan o Kilin Morran, acusado de feminicidio, así como el de Nubia “N”, señalada como una de las principales operadoras del grupo.

La respuesta internacional se ha endurecido, con Estados Unidos designando al Tren de Aragua como organización terrorista extranjera. Esto permitió la aplicación de sanciones financieras, la inclusión de Giovanni Vicente Mosquera Serrano en la lista de los más buscados del FBI y el ofrecimiento de recompensas millonarias por información que facilite su captura. Estas medidas refuerzan la presión sobre México y evidencian la dimensión transnacional de la amenaza, que trasciende el ámbito de la seguridad pública para convertirse en un desafío geopolítico regional.