Italia.-  Hay derrotas que saben a gloria y metas que, aunque se crucen al final, representan una victoria monumental. Este jueves, el Estadio Tesero Cross-Country fue testigo de un momento que quedará grabado en la historia del deporte nacional: Regina Martínez se convirtió en la primera mujer mexicana en competir en el esquí de fondo en unos Juegos Olímpicos de Invierno.

Aunque Regina finalizó en la posición 108 con un tiempo de 34:05.4, su llegada a la meta fue el momento más emotivo de la jornada de los 10 kilómetros. Pese a la distancia de 11 minutos respecto a la campeona sueca Frida Karlsson, el esfuerzo de la mexicana conmovió a las potencias mundiales del deporte.

En una imagen que ya le da la vuelta al mundo, Martínez fue recibida con aplausos y abrazos efusivos por el podio completo: la medallista de oro Frida Karlsson, la plata Ebba Andersson (Suecia) y el bronce Jessie Diggins (EE. UU.). Sin embargo, el momento más sensible ocurrió cuando su gran amiga, la brasileña Bruna Moura, se fundió en un abrazo con ella, personificando el espíritu olímpico donde el triunfo personal trasciende las medallas.

De las canchas de Pumas a la nieve de Italia
La historia de Regina es un testimonio de resiliencia. Nacida en la Ciudad de México, sus inicios en el deporte fueron en las fuerzas básicas del club Pumas. El esquí llegó a su vida mucho después, durante una estancia en Minnesota, como una tabla de salvación frente a la soledad y la depresión estacional.

“El esquí de fondo me salvó y me devolvió un sueño”, ha declarado la atleta, quien encontró su inspiración en la épica participación de Germán Madrazo en PyeongChang 2018.

Lo que hace el logro de Martínez aún más asombroso es el sacrificio detrás del uniforme: se mudó a Miami para ejercer como médica de urgencias, donde entrenaba de madrugada antes de sus largas jornadas en el hospital.

 Al no vivir cerca de la nieve, ahorró cada centavo de su sueldo médico para costear viajes a centros de esquí y poder clasificar. Comenzó formalmente en esta disciplina a los 28 años, desafiando la lógica deportiva que exige décadas de práctica.

Regina Martínez no solo inscribió su nombre en los anales del olimpismo mexicano; dejó una lección de superación para todo un país: que el sueño olímpico no conoce de climas, edades ni imposibles.