Saltillo, Coah.- Tras la inauguración de la exposición “Sarapes y Rebozos” dentro del marco de la Fiesta Internacional de las Artes Saltillo 445 que realiza el Instituto Municipal de Cultura, ha vuelto al ojo público una prenda y ornamenta que es emblemática de la capital de Coahuila: el sarape. ¿Qué hay detrás de sus hilos?

Según el portal México Desconocido, el sarape es considerado “uno de los elementos más representativos del México independiente”. Se habla de que sus orígenes inciertos y se transformó en “un verdadero emblema nacional, similar al rebozo femenino”.

Sin embargo, el surgimiento, entre 1750-1860 de los llamados “sarapes de Saltillo clásicos”, cuya finura en el hilado y el tejido rivaliza con los textiles más refinados del mundo, constituye hasta nuestros días una gran incógnita, pues se desconocen los lugares, fechas y circunstancias precisos en los cuales fueron por primera vez tejidos, informa el medio de comunicación.

“Su huella fue tan amplia, que encontramos sarapes y tejidos que reflejan la influencia de los ‘saltillo’ desde Totonicapán, Guatemala, hasta la región Río Grande de los hispanoamericanos de Nuevo México y los indios navajo de la misma región”, indica la publicación.

Para definir es características, es un textil rectangular, tejido generalmente en dos lienzos unidos por el centro, cuyas medidas van de 1.20 metros de ancho por 2.40 metros de largo, aproximadamente. Puede tener una abertura para usarse como poncho o también se puede colocar sobre los hombros. 


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Generalmente tiene un diseño de diamante o medallón en el centro, que está hilado con diferentes colores en líneas que se vuelven coloridas; también se puede instalar este elemento en el área entre la espalda y el pecho, en un un marco de 5 a 10 cm alrededor con diseños y colores “afines al motivo central y un fondo contrastante con pequeños diseños repetidos”.

Entre los hablantes del náhuatl se les conoció como acocemalotic-tilmatli, manta arco-iris. La urdimbre es generalmente de algodón y la trama de lana, hilados a mano con malacate. La densidad del tejido, es decir la cuenta de hilos de la trama y la urdimbre por centímetro, fluctúa entre 32 y 63 hilos en la trama y 6 y 11 en la urdimbre, convirtiéndolo en una capa impermeable.

Existe un gran enigma en torno al origen geográfico del sarape, no es seguro que haya sido propiamente en Saltillo, hoy capital del estado norteño de Coahuila, donde se hayan tejido los primeros. Los censos económicos de los siglos XVII y XVIII mencionan sólo unos cuantos telares y tejedores de Saltillo.

Lo que sí se sabe es que cada mes de septiembre a partir del siglo XVII, se realizaba una gran feria anual para honrar a San Mateo, y que mucha gente acudía a Saltillo a comprar sarapes finos. Así creció su fama y le quedó el nombre de “saltillo” al sarape. Durante el período colonial los más importantes centros productores de textiles de lana y de lana con algodón fueron Puebla, Texcoco, Querétaro, San Miguel de Allende y Tlaxcala.

Una de las claves de este rompecabezas es la gran diáspora de 400 familias de Tlaxcala en 1591, que decidieron acompañar a los españoles en la conquista y pacificación de la llamada Gran Chichimeca, el macizo del altiplano centro-norte de México dominado por valientes y belicosos grupos como los chichimecas y los guachichiles.

En San Esteban de la Nueva Tlaxcala, el barrio tlaxcalteca de la población de Saltillo, unas 80 familias tlaxcaltecas hicieron florecer el semi-desierto con huertas y multiplicaron las ovejas entregadas por los españoles, lo que hace suponer que ahí se establecieron talleres textiles. Existe una referencia del envío, en 1650, de dos maestros tejedores tlaxcaltecas a San Esteban de la Nueva Tlaxcala.


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El surgimiento y auge de los sarapes fueron seguramente favorecidos por el hecho de que las agrestes tierras del Gran Altiplano resultaron adecuadas para el llamado “ganado menor” (ovejas y cabras), así como por la consolidación de esas regiones, hacia 1750, de enormes latifundios con hasta 200 mil cabezas de ovejas, cuya lana se vendía hacia el sur del país.

La primera referencia documentada del término “sarape” aparece en el diario de fray Agustín de Morfi quien, en 1777, narra su visita a la Hacienda de San Francisco de los Patos cerca de Parras, Coahuila, propiedad de un descendiente de Francisco de Urdiñola, marqués de San Miguel de Aguayo, uno de los conquistadores del norte.

Puedes visitar la exposición “Sarapes y Rebozos” en el Centro Cultural Teatro García Carrillo hasta el 12 de septiembre con entrada totalmente gratuita, en una exhibición de piezas coloridas donde incluso se realizan retratos en estos «lienzos» que son los sarapes, mostrando que van más allá de sus límites. Con información de México Desconocido