Reino Unido.- La diplomacia británica está de luto. El pasado jueves 12 de febrero de 2026, falleció Palmerston, el carismático gato que pasó de cazar ratones en los pasillos de Whitehall a convertirse en un símbolo de compañía y protocolo en el servicio exterior del Reino Unido.
La noticia fue confirmada por miembros de la Casa de Gobierno en las Islas Bermudas, donde el felino vivía su última etapa como un «miembro especial y muy querido del equipo».
Palmerston, nombrado en honor al vizconde y primer ministro del siglo XIX Lord Palmerston, comenzó su carrera en 2016. Tras ser rescatado del refugio Battersea Dogs & Cats Home, fue nombrado «Cazador Jefe» del Ministerio de Asuntos Exteriores en Londres.
Durante cuatro años, su presencia fue constante en los eventos más formales del gobierno, hasta que en 2020, en medio de la pandemia de COVID-19, decidió «jubilarse» de la vida pública. En una carta dirigida a Lord Simon McDonald, se explicó que el gato prefería la tranquilidad de escalar árboles y vigilar campos sobre la presión mediática de la primera línea diplomática.
Su retiro no fue el final de su servicio. En febrero de 2025, Palmerston asumió el título honorario de «Consultor de Relaciones Felinas» para el actual gobernador de Bermudas, Andrew Murdoch.
“’Palmy’ fue un compañero maravilloso, de naturaleza gentil, y será extrañado con gran dolor. Era un miembro familiar muy querido”, expresaron funcionarios de la Government House en el archipiélago atlántico.
Hitos de la vida de Palmerston:
- 2016: Ingreso al Servicio Diplomático en Londres.
- 2020: Jubilación oficial tras cuatro años de patrullaje en Whitehall.
- 2025: Traslado a las Bermudas para asesorar al gobernador Murdoch.
- 2026: Fallecimiento a los pocos meses de su nombramiento en el Caribe.
El fin de una era entrañable
La partida de Palmerston no solo es la pérdida de una mascota, sino el fin de una era peculiar que humanizó la rígida estructura de la política exterior británica. Seguido por miles de personas en redes sociales, el felino demostró que, incluso en los espacios más solemnes del poder, siempre hay lugar para el afecto y la cercanía.
Su legado permanecerá en los pasillos de la diplomacia como el gato que supo negociar entre el deber y la siesta perfecta bajo el sol de las Bermudas.






