Está por entregarse, por parte del Ejecutivo Federal, a través de la Secretaría de Hacienda el presupuesto 2027 y más que pretender descalificarlo o hacer una apología del mismo, conviene plantearse algunas preguntas encaminadas a ver la situación real y las perspectivas de mejoramiento de las condiciones de vida de las y los mexicanos; porque en el informe reciente de la Presidenta Sheinbaum, pareciera que todo va viento en popa. Hay un leve crecimiento de la economía con respecto a 2025 que de menos del 1% (0.6% según reportes oficiales) al1.9% que alcanza con el crecimiento del último trimestre en 1.4% con respecto al trimestre anterior; también nos dice el informe que la pobreza laboral disminuyó en cerca del 0.5%, lo cual plantea indiscutiblemente avances, lo que no dice es quién se beneficia de la mejoría relativa económica que vive el país y si la distribución es equitativa, porque todavía 1 de cada tres trabajadores no alcanza a cubrir la despensa y más de la mitad se encuentran empleados en la economía informal; sin derechos laborales, sin seguridad social y sin seguridad en el empleo.
Mantener cifras macroeconómicas estables, no indica necesariamente mejoría de la población y rescate de los sectores vulnerables.
Varias cuestiones que se quieren ocultar saltan a la vista; porque influyen directamente en la vida cotidiana y en su calidad de vida. Declara que la deuda del FOBAPROA, se volvió impagable, pero el informe no ofrece ninguna alternativa para aliviar esta penuria, tampoco se dice que la deuda externa equivale a más de la mitad del PIB, y que las obligaciones e intereses significan una canalización de recursos fiscales mayor a la que se destina a infraestructura y programas sociales. Ningún Informe de Gobierno, hasta donde se recuerda, asume deficiencias, siempre son cifras halagüeñas, avances significativos, aunque se reconoce de manera hipócrita, demagógica “que falta mucho por hacer”.
Otros factores a analizar en el presupuesto serán: salarios, inflación, poder adquisitivo, bienestar, si no se están sacrificando la calidad de los servicios, por priorizar pagos y beneficiar a usureros, financieros y banqueros, la inversión pública en infraestructura productiva, estratégica, en educación ciencia y tecnología, salud y abasto de vacunas y medicinas, la construcción y acceso a la vivienda popular, la situación energética y la inversión para revertir el cambio climático, la contaminación y asegurar un ambiente sano y limpio para la vida de todas y todos.
El presupuesto no debe ser una lista de cifras, estadísticas, maquilladas o no, debe ser… cómo se pretende recaudar y resolver las necesidades sociales, más allá del día de hoy; cómo se hace congruente la promesa de un mejor país para todas y todos.







