A veces se nos olvida que la finalidad del séptimo arte es una: contar una historia de principio a fin que entretenga, señale, apunte, incomode y genere un movimiento dentro del espectador. Estos atributos se han desdibujado debido a que los productos buscan ser rentables en su forma y dejan de lado el fondo, sin darnos cuenta de que no necesariamente ambas partes están peleadas. Gracias a algunos creadores y cienastas, siempre hay algunas producciones que nos recuerdan lo que en verdad es el cine en su más puro estado y, afortunadamente, por fin llegó a las salas de cine Robot Dreams (Mi Amigo Robot).
La cinta, dirigida por el español Pablo Berger, toma como punto de partida la novela gráfica bajo el mismo nombre de la autora Sara Varon y da vida a los personajes ficticios sin sumarles diálogos e interpretando de manera fiel una historia que podría parecer lejana y con poca conexión, pero que, para sorpresa de muchos, logra tocar algunas fibras que empatan con la pérdida, el comportamiento humano (aunque en la cinta no los hay), el adiós y la vida en sus aspectos más básicos, dulces y dolorosos.
El guion nos cuenta la vida de Dog, un perro solitario que vive en Nueva York y decide comprar un robot para tener un amigo con quien pasar el tiempo. Después de ir a la playa, los recién compañeros se separan debido a situaciones fortuitas y el calvario para volver a estar juntos solo traerá consigo el avance de la vida y la crudeza de las situaciones reales que hacen que nada vuelva a ser lo mismo mientras el tiempo avanza ¿Planteamiento sumamente básico? Pues sí, pero es justo en la simpleza donde radica el abordaje de la cinta, ya que se dota de manera correcta un viaje de héroe ambivalente en el que ambos personajes caminan de forma paralela durante gran parte de la trama.
Al estar frente a una cinta sin diálogos que dura más de una hora y media, sostener el argumento se convierte en una tarea un tanto más compleja, sobre todo si recordamos que la animación no es un género cinematográfico que es dirigido de forma excluyente a los niños, más bien es una técnica que se utiliza para contar historias que pueden apuntar en distintas direcciones. La falta de palabras es abrazada como fortaleza con las acciones de nuestros personajes, las atmósferas, los espacios y las expresiones que son entendidas como acciones y avances, aunque para ser justos, algunas partes del texto, que muy seguramente funcionan de manera correcta en la novela gráfica, al ser traducidas a la pantalla grande parecen no aportar lo suficiente, pero, afortunadamente, la cinta solo cojea en dos ocasiones de esta pata.
Mientras la historia avanza, los arcos de nuestro perro protagonista y su amigo robot se separan y cruzan en repetidas ocasiones, donde la soledad, el cambio, el apego y la pérdida no solo se ve en las acciones determinantes dentro del argumento, los cambios físicos y visuales generan ese avance lógico, el cual termina por tener mucho más peso por la falta de palabras.
El diseño de los personajes, a diferencia de la novela gráfica, muestra especies y figuras que son sumamente reconocibles por el espectador, además de contar con un aspecto que termina por ser sumamente familiar y cercano. Mismo caso con los espacios físicos, los cuales, además de ser identificables, juegan como una clase de antítesis entre los paisajes conocidos y habituales con los personajes no humanos.
Si a lo anterior le sumamos que la animación encuentra un nicho en el cual no es necesariamente es fino o sumamente profundo, sí demuestra que los trazos concretan un estilo que rápidamente llena el ojo y se transforma en un punto entrañable y bien dirigido, sumando más al diseño de arte de esta cinta, que ojo, puede no gustarte la manera en que está realizada, pero si le sumamos las referencias a la cultura pop y neoyorquina como a Warhol o Basquiat, podemos ver un aporte plausible y agradable para el ojo.
Aunque parezca monótono, el uso del tema September de Earth, Wind and Fire, a diferencia de otras cintas, termina por ser un late motiv late que logra una paradoja entre los actos de la cinta y que, además, mueve hacia adelante la cinta junto al score a cargo de Alfonso Villagona, quien ya había trabajado previamente con Pablo Beger en la cinta Blancanieves, creando una mancuerna sobresaliente que ha demostrado con creces poder abordad distintos temas y perspectivas de forma plausible.
Hablando del cineasta, con tan solo cinco producciones, Pablo Berger ha demostrado que puede tomar textos ya probados, como el caso de Blancanieves, y darles un giro para hacerlos más entendibles para su país de origen, al mismo tiempo de poder proponer cintas con distintos tonos y matices que no necesariamente terminan de cuajar, como en Abracadabra, pero lo cierto es que con Robot Dreams destaca que la técnica no importa siempre y cuando exista algo que decir. Aunque, bueno, también se trata de una cinta con un libro previo que ya se conocía de su éxito, pero aun así hay mérito, porque se puede fallar.
Ahora bien, tampoco es que estemos ante una cinta perfecta, el par de baches ya mencionados dentro del guion pueden generar algún tipo de desconexión ante el público que no necesariamente se ve atraído por la historia, la cual también mantiene algunos lugares comunes y resoluciones un tanto burdas o hasta infantiles, sobre todo en el tercer acto y las resoluciones, al las que algunos llegarán destrozados y otros querrán destruirlo, pero en ninguno de los casos se podrá ignorar que los aciertos de la trama se tratan de explotar de la mejor forma, aunque no funcionen al cien por ciento.
Si a todo lo dicho le sumamos que la temporada de premios contó con decenas de nominaciones para la cinta como mejor película animada y que ganó el Goya en dicha categoría, es difícil no hacer comparativas y medirla con sus contrincantes, sobre todo con la más reciente cinta de Hayao Miyazaki, El Niño y la Garza, pero lo único que comparten estas producciones es el uso de la animación para contar una historia, de ahí en más son dos propuestas abismalmente diferentes que van para públicos distintos, aunque siendo sinceros, la cinta del japonés termina por erigirse como la más destacable debido a su complejidad técnica y de historia, lo que no le resta puntos a Robot Dreams, pero sí la deja en un decoroso segundo lugar.
Siendo completamente sinceros, Mi Amigo el Robot no es la mejor cinta del año pasado, tampoco es la más destacable en animación, pero sin duda dejará una marca que será sumamente difícil de borrar y que, además, devuelve al cine a su nivel más puro al contar una historia con pocos elementos, sin tanta faramalla y con mucho corazón.
Si te gustan cintas como Anomalisa, El Fantástico Señor Zorro o ¿Dónde Está mi Cuerpo? Tal vez encuentres la propuesta de Berger un poco sosa, pero si te dejas sorprender muy probablemente conectes con una historia entrañable y bien ejecutada que apela a que todo lo que nos pasa en la vida, de una forma u otra, nos transforma, y volver a ser quienes éramos antes es imposible, por lo que es mejor avanzar, dejar que las piezas se acomoden y vivir sin mirar atrás, pero agradeciendo el pasado. Si lo tuyo no son las cintas sin diálogos o simplemente sigues pensando que la animación es cosa de chicos, mejor déjala pasar, aunque si logras abrir un poco la mente tal vez puedas encontrar, ya si no oro, un poco de plata que te saque una sonrisa.
Calificación: 8.0







