Hace años, durante mi trabajo en el Hospital Universitario, pude ser testigo de la cadena de esfuerzos que requiere la donación de órganos. Los trabajadores sociales, hospitales certificados como procuradores, una comunicación efectiva e inmediata entre los hospitales que procuran y los que llevan a cabo los trasplantes. Los recursos necesarios para todo lo que conlleva la donación y la capacitación del personal para saber abordar de manera humana y sensible ese momento decisivo. 

La gente pensará que basta con tener una credencial… no es así. En el momento más importante, quienes deciden si eres o no donador, son tus familiares. Por ello la importancia de dejar claro en alguna conversación con ellos tu decisión. La credencial de donador debe ser sólo un recordatorio de tu postura en vida. 

En México, más de 23 mil personas están esperando la donación de un órgano, de acuerdo al Centro Nacional de Trasplantes. Además, cada día mueren 20 personas en espera de un trasplante. Incluso desde 2019 no ha habido un aumento significativo en las donaciones de órganos. Apenas en 2018 se realizaron cerca de 7 mil trasplantes, o sea la demanda triplica la oferta.

En otros países se han intensificado las campañas para promover la donación, ya que el principal obstáculo es la ignorancia o el desconocimiento.

El 21 de septiembre a nivel nacional fue el Día de la Donación de Órganos y Tejidos. En algunos estados se dedica incluso todo el mes de septiembre. Este año no hemos tenido campañas que promuevan de forma intensa la necesidad de que todos seamos donadores. Sabemos que el covid-19 ha ocupado todo el recurso y toda la estrategia, pero no podemos olvidar a todas esas familias que buscan de forma desesperada algún donador para su hijo, su pareja o sus padres.

Hablemos con nuestro núcleo, externemos la necesidad y el deseo de ser donadores cuando sea el momento, porque vamos a tener una sola oportunidad y si no somos donadores al morir, nos llevaremos a varios con nosotros.