Estados Unidos.- El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto sobre la mesa una condición inamovible para detener la escalada bélica en Medio Oriente: Irán debe ceder el control total de su uranio enriquecido, actualmente resguardado en instalaciones subterráneas bajo las montañas de Isfahán.

Esta exigencia es el eje central de una negociación de alto riesgo coordinada a través de mediadores como Pakistán, Qatar y Arabia Saudita, y representa el intento más ambicioso de la Casa Blanca por desmantelar el proyecto nuclear iraní a cambio de una tregua regional.

La «Hoja de Ruta» del acuerdo
El plan de Trump no se limita a lo nuclear; busca un reordenamiento geopolítico que alivie la presión económica y militar en varios frentes:

  • Seguridad Marítima: La liberación del Estrecho de Ormuz, punto crítico para el petróleo mundial, y el retiro de minas navales iraníes.
  • Cese al fuego: La suspensión de operaciones israelíes contra Hezbollah en Líbano.
  • Incentivos Económicos: El levantamiento de sanciones financieras y el descongelamiento de fondos millonarios del régimen chiíta en Europa y Medio Oriente.

Dilema electoral y presión aliada
Para Trump, este acuerdo tiene un fuerte componente doméstico. La liberación de Ormuz permitiría estabilizar los precios de los combustibles y frenar la inflación en EE. UU., un factor determinante para las próximas elecciones de medio término donde el Partido Demócrata busca recuperar terreno.

Sin embargo, el mandatario enfrenta advertencias de sus aliados más cercanos:

  • Israel: El premier Benjamín Netanyahu ha aconsejado no liberar los fondos, argumentando que Teherán los usará para financiar grupos terroristas en Gaza y Yemen.
  • Países del Golfo: Arabia Saudita y los Emiratos Árabes temen que el fin de las sanciones permita a Irán fortalecer su programa de misiles balísticos, con los que ya han atacado infraestructura petrolera en el pasado.