Hoy, Miguel Riquelme rinde su sexto Informe de Gobierno, el último de una Administración ordenada que le tocó enfrentar grandes y graves retos, como la pandemia de covid, el recorte sistemático de recursos de la federación y las constantes embestidas del crimen organizado.

Casi 23 mil millones de pesos le recortó el Gobierno del presidente López Obrador, bajo la consigna política, porque Riquelme nunca se dobló.

Sí, otros gobernadores priistas y panistas se arrodillaron ante el Gobierno federal y terminaron sus gestiones bajo el resguardo de la cuarta transformación. Riquelme no. Mantuvo su postura enérgica para reclamar lo que en justicia le corresponde a Coahuila en materia de recursos.

Se mantuvo firme en la reunión de gobernadores, cuyo grupo se desmoronó, mientras él sostuvo sus posicionamientos en beneficio de los coahuilenses.

Luego, la pandemia que sorteó con estrategias de atención por cada región y bajo circunstancias sociales distintas resultó con calificaciones aprobatorias entre los gobernadores de todo el país.

Al mismo tiempo, mantuvo márgenes de ahorro para sortear la pesada deuda de casi 37 mil millones de pesos y los recortes del Gobierno federal, para no detener la marcha del estado en prioridades como la salud, la educación, las inversiones, la generación de empleos y el combate a la pobreza.

Énfasis especial en la seguridad pública, con políticas públicas fuertes y ordenadas para evitar que la delincuencia organizada regrese a Coahuila.

Hoy termina su gestión y su futuro es alentador. Aunque debiera ser senador plurinominal, a nivel nacional la dirigencia del PRI lo quiere poner, como siempre, a prueba, a sabiendas que la pasaría como candidato de mayoría, en la calle pidiendo, otra vez, el voto.

El tiempo pone a cada quien en su lugar y Riquelme ya se lo ganó como un gobernador ordenado y responsable en su oficio como político y como titular del poder ejecutivo.