Estados Unidos tiene bajo la lupa a la cuarta transformación.
El asesinato de la secretaria particular y del asesor de Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, se suma a la larga lista de pasivos que padece Morena.
El huachicol fiscal, la galopante inseguridad, la lista negra de las y los gobernadores, los más de 837 laboratorios de fentanilo reventados y la complicidad de la anterior política de los “Abrazos no balazos” aceleran la descomposición de la relación México- Estados Unidos.
No existe el factor confianza y cada vez se cierra más el círculo de impunidad y de complicidad que apunta al ex residente Andrés Manuel López Obrador.
El sexenio de los otros datos parece ya insostenible por las evidencias de corrupción y de proteccionismo hacia la delincuencia organizada.
Retirar las visas, como ya le ocurrió a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, es otra acción que denota que el Gobierno de Donaldo Trump tiene mucha información que compromete a la cuarta transformación.
Y, sobre todo, que demuestra que en el sexenio de López Obrador se alentó la política de dejar hacer, dejar pasar, bajo las ganancias millonarias de la protección.
Hoy ya es evidente que la cuarta transformación está herida.
Será hasta que le pegue a la economía de los bolsillos que los beneficios de los programas sociales no aguanten más el peso de la creciente inconformidad ciudadana.
Pero ya desde ahora se habrán de desenmascarar las historias torcidas de la cuarta transformación morenista.






