Buenos Aires, Argentina.— En contraste con el ruido ensordecedor que fue su vida, un pesado silencio rodea la tumba de Diego Armando Maradona, calificado como uno de los más grandes futbolistas de la historia. 

Maradona está enterrado a un costado de sus padres en el cementerio privado Jardín Bella Vista, a las afueras de Buenos Aires. 

Salvo familiares directos y personal del camposanto —enclavado en un barrio humilde de casas bajas— nadie puede acercarse a su tumba, extraña paradoja para un ídolo popular que pasó la mayor parte de su vida rodeado de fanáticos.

Nada indica que ahí descansan los restos del argentino más famoso de la historia 


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La única referencia está del otro lado de la frondosa arboleda que cerca al cementerio: un mural que retrata episodios de su carrera, como el segundo gol contra Inglaterra en el mundial México 86, y un mensaje:

“Todos queríamos un poco de él, pero fue él quien se llevó un poco de nosotros”.

Mientras los “maradonianos” todavía lo lloran, su vida disipada le sigue pasando facturas a un año de su muerte. Quedan pendientes dos reclamos por paternidad, sus hijos reconocidos aguardan por una herencia que no se sabe con certeza a cuánto asciende y una mujer cubana denunció recientemente que fue violada por el exfutbolista.

A esto se suma que sigue en trámite la investigación para determinar si falleció por causas naturales o fue víctima de negligencia médica. 


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