El talón de Aquiles de la transformación de la vida pública del País es la corrupción; durante muchos años el lema de campaña y piedra angular de las promesas para las aspiraciones presidenciales y la construcción del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), se decía que combatiéndola hasta sus últimas consecuencias, se iba a lograr la superación de la mayor parte de los problemas atávicos que tiene México; que se había llegado a tal magnitud, que no sólo se toleraba sino que la habían normalizado en la vida pública cotidiana, se confiaba, aunque también se preveía una lucha titánica, de esas luchas que equivalen a dar todo o caer en el intento.
Los resultados a más de ocho años de ejercicio gubernamental son tan insignificantes que se prefieren las declaraciones de lealtad a las de capacidad y buen comportamiento, porque a la “mujer del César no sólo se le exige ser honesta; sino parecerlo” y es aquí donde se debe asumir una responsabilidad colectiva, comportamientos institucionales y personales claros, éticos, la confianza política no sólo se debe de manifestar en ganar elecciones y construir mayorías legislativas estables, detentar y tener los órganos de poder y hacer reformas Constitucionales, que les aseguren la permanencia, tener mayores y mejores prestaciones y derechos sociales, sino en el ejercicio del poder de manera diáfana, con rendición de cuentas y ejercicio escrupuloso del encargo; porque el Gobernador no sólo administra, hace respetar y respeta la Ley, también infunde y genera confianza y armonía social.
La corrupción suele asociarse con el robo de recursos públicos, privados, cohechos extorsiones, “moches”, “mordidas”; pero va mucho más allá, es permisividad, tolerancia con el compañero de Partido, amparo de los cercanos y familiares; MORENA , para no deslegitimarse de su razón de ser y premisa fundamental, terminó brindando impunidad, no supo construir una clase política decente y congruente, nunca estuvo en sus cálculos esta exigencia y hoy prefiere solapar o desentenderse de esto que puede ser el principio de una caída inminente; confunde responsabilidad legal, con responsabilidad política, la primera corresponde a órganos Judiciales, la segunda a la decencia, a la ética y cuando se reclama a la puerta que se cumpla con ellas, hay que hacer caso, porque ganar la confianza política tarda muchos años… perderla no tantos.







