No es por nada, pero venden buenas marcas y a buenos precios, ¡peeero! , hacen lo peor: desconfiar de sus clientes.
Por eso, al entrar, se siente un ambiente tenso y desconfiado, por la desconfianza que sus directivos siembran. No es cosa de los empleados pedir la membresía de forma obligada.
Como “si quieres entrar, necesitas estar autorizado”. Eso ya es pensar mal del cliente, porque, para pagar, muestras la membresía.
La lógica, claro que la tienen los directivos, pero también la desconfianza hacia quienes, finalmente, les dan de comer.
Luego, pagas y te dan un recibo que, al salir, un empleado, casi nunca lo revisa, lo raya con un plumón, para confirmar que lo que llevas, es lo que pagaste.
Como si no existiera el filtro de la caja donde pagas. Otra desconfianza de los directivos a quienes les dan de comer: el saldo, cliente – tienda es malo a final de cuentas.
Porque el sentido de desconfianza se ve y se siente, aunque AMLO no esté presente.
Es como si te hicieran un favor o si, de tanto robarlos, ahora los buenos clientes tengan que pagar, dirían los religiosos: justos por justos pecadores todos.
Así son en la tienda Costco, firma gringa que, como entre las naciones, hace gala de su instinto yanqui de desconfianza generalizada hacia nosotros.
Pero ahí sigo, porque el mal trato –con buenas marcas y buenos precios–, encariña.






