Washington.- El primer año del segundo mandato de Donald Trump ha pasado una factura multimillonaria al sector turístico de los Estados Unidos. Según estimaciones publicadas por el diario Financial Times, el país dejó de recibir a 11 millones de turistas durante 2025, lo que representa una estrepitosa pérdida de 50,000 millones de dólares en derrama económica.
Aunque la caída general de visitantes extranjeros fue del 4.2% en comparación con el año anterior, el dato más alarmante proviene de la frontera norte. Las visitas de ciudadanos canadienses se desplomaron un 10.2%, de acuerdo con cifras de la Administración de Comercio Internacional (ITA).
Expertos señalan que este rechazo no es casualidad, sino una respuesta directa a la retórica de la Casa Blanca. La imposición de aranceles generalizados y las polémicas amenazas de Trump sobre una posible anexión de Canadá, han transformado la percepción de Estados Unidos como un destino hospitalario.
Boicot ciudadano: Seguridad y política en la mira
El desinterés por visitar territorio estadounidense también encuentra raíces en la inestabilidad social interna y la política exterior. Casos como el de John Gauvreau, un agente inmobiliario jubilado de Ontario, ilustran este fenómeno: el canadiense canceló sus vacaciones en Las Vegas tras las tensiones diplomáticas y su desacuerdo con la postura de Washington hacia Ucrania.
“Desde entonces, la situación no ha hecho más que empeorar”, declaró Gauvreau al Financial Times, añadiendo que los recientes episodios de violencia, como el asesinato de manifestantes en Minneapolis a manos de agentes federales, han reafirmado su decisión de no cruzar la frontera.
Más allá de la retórica, analistas económicos coinciden en que tres factores técnicos están asfixiando al turismo:
- Políticas antimigratorias: El endurecimiento de los controles fronterizos genera un clima de incertidumbre para los viajeros.
- Obstáculos para visas: Los procesos para obtener permisos de entrada se han vuelto más lentos y restrictivos.
- Guerra de aranceles: La imposición de cuotas a la mayoría de los socios comerciales ha encarecido los costos de operación y logística, afectando indirectamente el precio de los servicios turísticos.
El sector servicios, que depende en gran medida del consumo extranjero, enfrenta ahora el desafío de sobrevivir a una administración que, en su afán de proteccionismo, parece haber levantado un muro invisible que mantiene alejados los dólares de los viajeros internacionales.







