Saltillo.- Hace algunas semanas, durante el Día de Muertos, una serie de altares aparecieron en algunos edificios o espacios del centro de la ciudad. No fue casualidad que dichos altares ocuparan lugares que ya no existen, que demolieron o que terminaron por destruir para darle paso a tiendas de conveniencia, bancos, plazas o lugares abandonados.

Los altares fueron dispuestos de manera clásica, siguiendo los lineamientos marcados por la fecha festiva. Era evidente que la finalidad era recordar las construcciones que dejaron huella en la ciudad, y como estas han sido olvidadas y borradas tanto de los espacios físicos como de la memoria colectiva.


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La intervención alzó varias cejas y despertó el interés dentro de la gente que transita por el primer cuadro de la ciudad, además de generar una interesante y necesaria charla sobre la memoria arquitectónica de la ciudad. Algunas personas tomaron fotografías, otras discutieron sobre el significado de la ofrenda y otros más terminaron por vandalizar la obra. 

Después de terminada la intervención de los edificios con los altares, tuvimos la oportunidad de charlar con la mente detrás del proyecto: la arquitecta y artista Judith Fragoso.

Conozco tu interés por la arquitectura ¿De dónde surgió la idea de homenajearlos?

J: De transitar, de vivir en ellos y de sentirlos, de verlos vivos un día y acabados al otro. Cuando aprendí que se podían recuperar, que hay métodos y prácticas que genuinamente los conservan y los «curan», no pude volver a ser indiferente, y mientras más estudio, observo y aprendo al respecto, más los entiendo. Es casi como estudiar medicina, pero para la arquitectura, debes comprender desde el inicio la patología y sus causas, como se desarrolla, cuáles son las consecuencias y así tomar la mejor decisión, o al menos la más adecuada, para que sigan existiendo con dignidad. Estos, que ya no están con nosotros o se conservan solo en un recuerdo, solo quedaba hacerles un homenaje. 

¿Los edificios dejan fantasmas?

J: Siempre quedarán rastros de lo que alguna vez existió. Veo como a veces tratan de emular el edificio destruido en un muy poco práctico intento, cómo «ajustan» sus espacios vamos y columnas a caprichos momentáneos o novedosos, como desaparecen por completo. Pero la gente habla de ellos como si estuvieran ahí, como si los hubieran visto apenas hace días, aunque nadie más los pueda ver. Recuerdan transitarlos, usarlos como referentes, recuerdan sus puertas de madera, su herrería, sus particulares acabados a veces con un tono de anhelo. Si eso no es un fantasma, no sé lo que sea.

¿Existe alguna justificación para derribar la memoria?

J: Es una pregunta un poco compleja. No hay justificación suficiente, aunque no puedo negar que a veces hay muy particulares casos que están más allá de la salvación. Sin embargo, cabe recalcar que esto no tendría por qué pasar si desde el comienzo se interviniera. Es por eso que la cultura de la conservación es importantísima, para evitar enfrentarse a estas situaciones dónde se tenga que tomar la lastimosa decisión de destruir una parte tangible de la historia de una ciudad.

El reclamo y la crítica está adherida a las expresiones artísticas ¿A quién haces responsable de los daños?

J: Los responsables somos todos. Hasta yo, cuando en un apuro o en mi inconsciencia tiro una colilla de cigarro en la calle. Jamás será correcto hacer responsable a un sector, ya sean los habitantes, los turistas, la administración en turno. Se debe trabajar en conjunto para resolverlo, y no va solo de restaurar un edificio, se trata de hacerlo correctamente, de que no sea ni siquiera necesario de la conservación y cuidado otorgado desde el comienzo. Que la gente tenga esa consciencia de conservación, de limpieza, de distribución, de ajustarse a este ente que se llama centro histórico y tiene su propio espacio, personalidad, necesidades, gustos. 

¿Qué podemos hacer para cuidar la memoria de los edificios?

J: Educación. Identidad. Cultura. Siempre van a ser la raíz de todo. Se empieza creando la cultura de conservación y educando a la gente al respecto, proporcionando las herramientas para ello, consultando las nuevas y antiguas formas de conservación y restauración. Se dice que la arquitectura es el arte de transformar los espacios, pero el ser humano es un ser adaptable, se puede llegar a un mutuo acuerdo de necesidades entre las personas y sus actividades y la distribución y estado de los edificios, de eso no me queda duda, porque tantas ciudades ya lo han demostrado y lo siguen haciendo.

¿Qué papel juega la ciudadanía en la preservación de los edificios?

J: Es importante recordar que los funcionarios públicos, los inversores privados, los encargados de los centros históricos y del patrimonio del estado también son ciudadanos, toda la ciudadanía debe estar educada en el tema de la conservación y apreciación del patrimonio de su ciudad para que la misma sea preservada. Cómo ciudadanos individuales podemos contribuir divulgando información, conservando nuestros espacios limpios y funcionales, respetándolos y que cada uno de nosotros sea un ejemplo a seguir, aunque sea en las pequeñas cosas. Hasta la más mínima acción, como tirar una colilla de cigarro apagada en el bote de basura, contribuye a la preservación de los espacios.

Es evidente la fecha elegida para la intervención ¿De qué otra manera podemos recordar su huella?

J: Podemos recordarlos y rendirles respeto cuidando y conservando los edificios que aún nos quedan, si tan solo las personas estuvieran conscientes de las joyas arquitectónicas con las que carga Saltillo, se sentirían las personas más ricas del país. Atesorarían cada uno de ellos, se sentirían orgullosos de poder transitarlos diariamente o de habitar en alguno. Las expresiones arquitectónicas que encuentras en cada ciudad no tienen comparación, lo mismo pasa aquí, es importante reconocerlas como parte de nuestra comunidad e historia y brindarles el respeto que merecen.

Como parte de una intervención la transformación es parte de la obra ¿Podemos aplicar el mismo principio para los edificios?

J:Claro, las personas y sus necesidades van cambiando siempre, ni siquiera llega a ser generacional, a veces el cambio es mucho más rápido. Cómo te mencioné, debe haber un acuerdo mutuo entre las necesidades y estados de los edificios y sus habitantes, claro que es posible y se abre a un sin fin de cosas que se pueden lograr. La gente busca el Centro Histórico por eso mismo, por los histórico, por todo lo que lo hace diferente al resto de la ciudad, entonces eso exactamente debe respetarse y comprenderse. Siempre insistiré que la educación y la identidad serán las piezas clave en la transformación de la comunidad, y entonces podremos ver realmente el Centro histórico que tenemos.

Los edificios elegidos son emblemáticos y sabemos que existen más que han sido destruidos ¿El proyecto seguirá en próximos años?

J: Sería interesante continuarlo porque podría seguir estudiando la respuesta del público y de las autoridades, sea positiva o negativa o quizás hasta indiferente. Ver cómo evoluciona la comunidad en su proceso de identificarse y proteger su patrimonio a través de esta muestra, aunque quizás en próximos años encuentre otras maneras de intervenir. Me agradó que el mensaje fue recibido, hasta el punto en que pareció molestarles a algunas personas, que a fin de cuentas mover esos pensamientos que quizás no quieren tener es el primer paso.