La visión de los morenistas sobre el ejercicio de la política y la responsabilidad social raya en lo absurdo, en lo irresponsable y en lo trivial.
Ahí tiene a usted al diputado Antonio Attolini, quien, en su afán de notoriedad mediática, le quitó seriedad a la lucha libre.
¿Qué opinarán los luchadores de que los haya utilizado para rendir su informe legislativo en la Arena Coliseo de Torreón?
El espectáculo de la lucha libre es serio y el informe del autollamado diputado del pueblo le quitó seriedad.
Místico, Octágono, La Parka, entre otros, son deportistas de alto nivel y se preparan para dar espectáculos dignos a los asistentes.
El diputado morenista Antonio Attolini, no.
Ni se preparó, ni respetó a la gente que asistió a ver a los luchadores y no a él.
En distinta proporción, pero igual de criticable, se recuerda al también legislador, pero federal, Tony Castro, quien, feliz por llegar a la Cámara de Diputados arrastrado por la ola Sheinbaum, fue grabado en un table con una mujer que le bailaba en su regazo.
Attolini, sin máscara, porque no la necesita para jugar a que es político, le quitó la seriedad a la lucha libre.
No sabemos si es rudo o técnico, pero sí de sus anécdotas y sus habilidades como luchador frustrado.
Recuerde cómo, en segundos, sometió al sujeto que lo agredió al salir del concierto de Miguel Bosé en Torreón.
O cuando lo infraccionaron por una falta de transitó y, al no querer salir del vehículo, se lo llevó la grúa junto a su novia.
Ahora utilizó la lucha libre para rendir su informe legislativo.
Ahí mídale la seriedad que guarda ser diputado para un representante de la cuarta transformación.






