Marcelo Ebrard salió igualito que Ricardo Mejía al denunciar que en Morena hay dados cargados para que Claudia Sheinbaum sea la candidata presidencial.

Acusó a Mario Delgado -igualito que Mejía- de cucharear a las tres encuestadoras que ya lo ponen 13 puntos abajo de doña Claudia, que, también ya sabemos, está cubierta de pilares de oro y de plata presidencial.

De aquí al seis de septiembre podríamos ver la división, tal y como la provocó Mejía Berdeja, ahora dirigente del Partido del Trabajo.

Y es que tanto Ebrard como Mejía, por eso se llevan re bien, les encanta el protagonismo y la división.

Lo cierto es que la elección presidencial ya no será un día de campo para los de Morena.

Desde que salió el antídoto Xóchitl Gálvez, el escenario cambió y la elección presidencial se va poniendo cada vez más peleada.

Ahora más con el descontón de Marcelo a su partido político y la posibilidad de que se vaya como candidato por Movimiento Ciudadano.

El presidente López Obrador debe andar que no lo calienta ni el sol, porque Ebrard acusó a la Secretaría del Bienestar de utilizar a empleados para hacer proselitismo en favor de Sheinbaum y usar dinero del Gobierno de la Ciudad de México con la finalidad de pagar a las encuestadoras.

De un solo golpe, desacreditó el proceso de selección donde los principios de Morena, no robar, no mentir y no traicionar, ya quedaron en la basura.