Aunque no las hayan movido por los años que usted quiera, las Afores tienen dueña o dueño.

Nadie y menos el Gobierno federal se los puede robar bajo el argumento -agandalle- de que no lo han utilizado.

Aunque la o el propietario de su Afore haya muerto o no la use, nadie debe hacer uso de ese dinero guardado, producto del esfuerzo en el trabajo de cada quien.

Vamos a pensar que el propietario de la Afore murió, la esposa, pareja o bien los hijos son herederos naturales de ese dinero ahorrado por años.

Por eso ahora, cuando se usaron 40 mil millones de pesos de dos millones de cuentas inactivas de mayores de 70 años, la pregunta es: ¿Quién autorizó al gobierno del presidente López Obrador para apropiarse de ese dinero? 

La respuesta es: nadie.

La decisión cae en el autoritarismo de un gobierno que se roba las Afores -ahorros- de los adultos mayores para crear ahora la Pensión del Bienestar cuando ya usaron los 40 mil millones de pesos en los programas sociales con un solo objetivo: que el asistencialismo se convierta en votos para los candidatos de Morena a la Presidencia de la República, al Senado, a las diputaciones federales y a las alcaldías en el caso de Coahuila, porque aquí no hay elección a gobernador.

El robo de los dineros de las Afores habrá de convertirse en un efecto búmeran contra todo Morena y el escándalo apenas comienza por la estrategia de no discutirlo en la Cámara de Diputados, sino acelerar la autorización de la Pensión del Bienestar en las comisiones, es decir el famoso «fast track», vía rápida.

Veremos cómo lo canalizan las dirigencias nacionales del PRI, del PAN o del PRD, o bien veremos cómo sus líderes como el dueto Alito-Rubén Moreira o Marko «Quico» Cortés canalizan el robo de los ahorros a los adultos mayores, como uno más de los temas a negociar a su favor y sin importar el daño a la indefensa sociedad adulta.