La desaparición de cinco jóvenes en Lagos de Moreno, Jalisco, refleja el drama de la inseguridad en México. Un problema que si bien no es nuevo, se agravó en este sexenio demostrando que la política de «Abrazos, no balazos» del presidente Andrés Manuel López Obrador es un completo fracaso.

Solo en las fantasías del presidente era posible que la delincuencia bajara si él era honesto y no había corrupción en su gobierno, algo que también solo existe en la ficción.

Los hechos en Lagos de Moreno tienen muchas semejanzas con lo ocurrido a los estudiantes normalistas de Ayotzinapa en el sexenio de Enrique Peña Nieto. Un grupo de jóvenes raptados por el crimen organizado pone en manifiesto que hay lugares del país  donde los delincuentes hacen lo que quieren sin que nadie les ponga un alto.

La desaparición de los normalistas de Ayotzinapa tuvo un gran impacto político para el Gobierno de Peña Nieto y el caso escaló a nivel internacional.

El presidente López Obrador ahora trata de minimizar los hechos, mientras una multitud se reunió en la parroquia de Lagos de Moreno para orar por los jóvenes desaparecidos. 

El infierno que viven en otras regiones de México nos recuerda lo privilegiados que estamos en Coahuila al ser un estado blindado en seguridad y la urgente necesidad de que a nivel nacional se implementen estrategias firmes contra la delincuencia.