La flojera de los panistas de Coahuila los coloca hoy al filo del desbarrancadero.
El panismo, que hace 10 años era la segunda fuerza política y hasta le disputaba la gubernatura al PRI, hoy está en el fondo.
Sin duda alguna, su supervivencia política depende de la alianza con el PRI.
El viernes 30 de enero concluye el plazo para registrar alianzas ante el Instituto Electoral de Coahuila.
El Comité Ejecutivo Nacional panista, con su visión centralista, desconoce lo que sucede en Coahuila.
La realidad no es más que una: los panistas se tiraron a la flojera, todos se sienten generales y abandonaron a la tropa.
En pocas palabras: ya casi no existen, afrontan su decadencia por falta de trabajo político en barrios, colonias, en todas partes.
Saben que, en su realidad, dependen de la alianza con el PRI y, tan es así, que ni siquiera tienen un plan B por si van solos.
No han trabajado en levantar su propia lista de candidatos o candidatas en los 16 distritos que estarán en juego en la elección del domingo 7 de julio para elegir diputados locales.
Lo anterior refleja, una vez más, que todo trabajo les da flojera, que desconocen el esfuerzo interno y están muy cerca de desaparecer de la contienda política en el estado.
El tiempo se acorta y su dependencia se amplía.
De los liderazgos, ni hablar. Cada uno va por lo suyo y hacen a un lado el sentido de institucionalidad y de unidad que los caracterizaba.
Dejaron de sembrar y dejarán de cosechar y, si Jorge Romero, dirigente nacional, decreta el no a la alianza, adiós al panismo.
Si va otra vez la alianza, seguirán colgados del trabajo político del PRI.






