El PRI Coahuila refleja la personalidad política de su líder, Manolo Jiménez Salinas.

Festeja el aplastante triunfo de 16 a cero y, al mismo tiempo, manda el rotundo mensaje  de que nunca se duerme en sus laureles.

Festeja, sí,  pero con un sentido razonable donde priva el agradecimiento a los coahuilenses que confían en su partido político por los resultados de un gobernador que mantiene a Coahuila como el estado más seguro del país, con desarrollo social sostenido y con fortaleza económica. 

Dejó a Morena con perfil precario y perdedor y envió a todo el país la señal de que no es invencible y, con trabajo y resultados de un gobernador responsable que cumple compromisos con todos los sectores sociales, se le gana.

Los priistas en cada región del estado mostraron su músculo, basado  en la unidad y el sentido institucional que los define y les genera una fortaleza partidista a toda prueba.

Frente a esos activos, la oposición está desmoronada y sin cabeza.

Morena recibió el 16 a cero como respuesta al repudio ciudadano a sus resultados en seguridad, combate a la pobreza y economía.

El escenario nacional para el partido en el poder del Gobierno federal se topa en Coahuila y no acaba de conformarse como serio competidor por factores como la división, la flojera del trabajo político en colonias populares y ejidos; es más, en todas las esferas sociales.

Aunado a esto, los coahuilenses comparan la seguridad en su estado y la inseguridad en los estados que gobierna Morena y el resultado es de evidente rechazo.

Súmele los escándalos del narcopartido de AMLO, el huachicol fiscal, los nuevos ricos que encabeza el junior de Andy y la suma de factores negativos mantiene un partido, partido.

El PT va en picada, igual que el PAN. El Verde, en su estado normal de negociación,  hace que el ala de la oposición esté colapsada frente a un partido priista con una dinámica global de resultados que refleja a su líder, Manolo Jiménez Salinas.