“No estás solo, no estás solo”, le gritaron al tal Andy López Beltrán en el festejo de los 15 años de fundación de Morena.

Ya nada más que lo atoren los Estados Unidos; el grito se volverá silencio, igual que sucedió con Rubén Rocha, quien sigue pendiente por sus nexos con el narco.

Igual que el tal Andy, el junior de Andrés Manuel López Obrador, investigado por Estados Unidos por sus nexos con el huachicol fiscal.

No cabe duda de que el junior ejemplifica todo lo que repudiamos de alguien.

Sin trabajar y solo por su papá, el tal Andy está a punto de ser diputado federal y ganarse la impunidad del fuero.

Que le alcance, quién sabe, pero lo cierto es que el joven bueno para nada se ha convertido, gracias a sus extravagancias de nuevo rico y su pasado de flojo, en uno de los peores lastres de Morena.

Sin embargo, pareciera que su papá lo exhibe como símbolo de corrupción y de impunidad, soberbia también.

Pero, en el fondo, Andy sabe que sí está solo.

Se lo ha ganado a pulso, incluso entre algunos pensantes de su partido que no lo soportan por inútil, por lo pesado que es cargarlo y los negativos que le suma a su marca política.

Sin duda, el festejo de los 15 trae variadas reflexiones.

La festejada entró sin chambelán y no hubo vals.

No acudió la presidenta Claudia Sheinbaum y tampoco hubo pastel, ni baile.

Los 15 se limitaron a vitorear al junior y recordar un pasado que no representa el presente desgaste por factores esenciales como la frase narcopartido, huachicol fiscal, nuevos ricos, desastre educativo, atraso en los servicios de salud, graves problemas en la economía y un creciente ánimo social adverso.

Pero el junior, el tal Andy, vive en su burbuja que en cualquier momento se revienta.